No, Pedro Sánchez no es como el resto de los españoles
- 26 ago
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Ya estoy viendo venir el argumento. «Pedro Sánchez tiene derecho a vacaciones como cualquier trabajador». Pues no. Me da exactamente igual cuántas veces lo repitan. Pedro Sánchez no es como cualquier trabajador porque no ocupa el puesto de cualquier trabajador. Es el presidente del Gobierno de España. Y quien acepta semejante responsabilidad acepta también que hay momentos en los que sus vacaciones dejan de ser una prioridad.
Y este es uno de esos momentos.
Después de lo ocurrido en Ceuta, después de una crisis que ha obligado al Gobierno a reaccionar y rectificar su propia gestión, según informa ABC, Pedro Sánchez vuelve a marcharse de vacaciones apenas 48 horas después de regresar a La Moncloa. Esta vez, un viaje privado a Andorra junto a Begoña Gómez.
Magnífico.
España con una crisis gravísima en una de sus fronteras y el presidente haciendo otra vez la maleta. Es una imagen demoledora, pero sobre todo profundamente reveladora de su manera de ejercer el poder: aparecer cuando resulta imprescindible, administrar la comunicación, aguantar el momento incómodo y, en cuanto considera apagado el incendio mediático, desaparecer.
Y aquí uno empieza a preguntarse si Pedro Sánchez se ríe directamente de nosotros. Porque cada vez quedan menos explicaciones posibles. O existe una extraordinaria dosis de desprecio hacia una ciudadanía a la que considera capaz de soportarlo absolutamente todo, o hemos entrado definitivamente en la filosofía del «para lo que me queda en el convento…». Y no sé cuál de las dos posibilidades resulta más preocupante.
Porque marcharse otra vez precisamente ahora no parece únicamente una cuestión de descanso. Es también una demostración de poder. La demostración de quien sabe que puede hacerlo, que puede desaparecer, regresar, rectificar y volver a marcharse mientras alrededor siempre habrá alguien dispuesto a justificarlo. Y eso termina transmitiendo una sensación insoportable: la de un presidente que actúa como si ya no tuviera que rendir cuentas a nadie.
No, señor Sánchez. En estas circunstancias usted no tiene el mismo derecho político a desconectar que un ciudadano que termina su jornada laboral. Porque ese ciudadano no dirige el Gobierno, no controla el Consejo de Ministros, no dispone de una residencia oficial, de una estructura pública a su servicio y de toda la maquinaria del Estado. Tampoco pidió a millones de españoles que depositaran en él la responsabilidad de gobernar el país.
Ser presidente tiene privilegios extraordinarios. También debería tener sacrificios extraordinarios.
Lo preocupante es que Sánchez parece haber interiorizado algo todavía peor: que puede hacerlo. Que puede marcharse y que después aparecerán inmediatamente quienes expliquen que «también tiene familia», que «necesita descansar» o que «todos tenemos derecho a vacaciones».
No. Todos tenemos derecho a vacaciones porque no todos somos presidentes del Gobierno.
Un presidente puede descansar, naturalmente. Pero existen momentos excepcionales en los que gobernar significa quedarse. Estar. Dar la cara. Transmitir que mientras existe un problema grave en una frontera española, quien dirige España considera que su sitio está en España y pendiente de ese problema.
Y Sánchez vuelve a elegir otra cosa.
Quizá porque piensa que los españoles lo aguantamos todo. Quizá porque políticamente ya ha entrado en ese «para lo que me queda en el convento…». O quizá porque, después de tantos años en el poder, ha confundido el derecho a gobernar con el derecho a hacer lo que le dé la gana.
Por eso me ahorro de antemano el sermón de que «tiene derecho a vacaciones como todo el mundo».
No. Ahora no.
Porque Pedro Sánchez no es como todo el mundo. Es el presidente del Gobierno. Y precisamente para eso está.
Miguel Ángel Arranz

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