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Sí que lo sabían

  • hace 3 días
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Al final resulta que sí. Sí había información. Sí había alertas. Sí había informes. Y sí había policías advirtiendo de que lo que podía ocurrir en Ceuta no era precisamente una excursión improvisada de unos cuantos miles de personas que una mañana decidieron acercarse a la frontera.


El informe elaborado por el Centro Nacional de Inmigración y Fronteras de la Policía Nacional y remitido a la Audiencia Nacional describe una entrada masiva «planificada», habla de «guiado activo» de la masa hacia los puntos de entrada y señala la permisividad y connivencia de fuerzas de seguridad marroquíes. Además, recoge que existieron alertas previas sobre el riesgo de una entrada masiva. Eso ya no lo dice la oposición. No lo dice un tertuliano. No lo escribimos quienes llevamos semanas denunciando que la versión oficial hacía aguas. Lo pone por escrito una unidad de la Policía Nacional.


Y ahora viene la pregunta que debería perseguir políticamente a este Gobierno: ¿quién sabía qué y cuándo lo sabía?


Porque durante semanas hemos escuchado explicaciones para todos los gustos. Hemos visto buscar responsables a miles de kilómetros de Ceuta. Hemos asistido a teorías sobre injerencias extranjeras, redes sociales, desinformación y conspiraciones diversas. Marruecos, mientras tanto, parecía disfrutar de una especie de inmunidad política. Era casi de mal gusto señalar hacia el país desde cuyo territorio acababan de entrar decenas de miles de personas.


Ahora aparece un informe policial que describe otra realidad. Y la primera reacción del Ministerio del Interior no ha sido comparecer ante los españoles y explicar detalladamente qué ocurrió. Marlaska escribió al director general de la Policía preguntando por el documento y desde cuándo se conocía. Interior sostiene que no tuvo acceso al informe porque la jueza había ordenado que no se comunicara a los superiores policiales. Esa es su explicación. Perfecto. Entonces que comparezcan todos y expliquen la cadena completa de información, incluidas las alertas anteriores al 30 de julio.


Porque aquí ya no basta con decir «yo no sabía nada».


Si un ministro del Interior no sabía nada ante una entrada de más de 70.000 personas después de existir alertas policiales previas, tenemos un problema. Y si lo sabía y no actuó, tenemos uno todavía mayor.


Pero hay algo especialmente preocupante en todo esto: que una parte considerable de la reacción institucional esté girando alrededor de quién filtró los documentos. Según informaciones publicadas, el malestar en Interior por esas filtraciones es enorme y se estudian responsabilidades dentro de la Policía.

Otra vez el mismo mecanismo. El problema termina siendo el mensajero.


No preocupa tanto que exista un documento incómodo como que ese documento llegue a los ciudadanos. No parece preocupar tanto preguntarse cómo pudo producirse semejante agujero de seguridad como descubrir quién permitió que los españoles conocieran determinadas informaciones. Y eso sí debería preocuparnos profundamente.


Porque una democracia no puede funcionar así. Los policías no trabajan para proteger el relato de un Gobierno. Los jueces no están para proteger al Consejo de Ministros de las noticias desagradables. Los servicios de inteligencia no pertenecen a ningún partido. Las instituciones del Estado existen precisamente para sobrevivir a los gobiernos.


Y cada vez que desde el poder se confunde Gobierno con Estado empezamos a recorrer un camino peligrosísimo.


Lo ocurrido en Ceuta ya no puede despacharse únicamente como una crisis migratoria. Estamos hablando de una entrada masiva que un informe policial considera planificada, en la que describe actuaciones de fuerzas marroquíes compatibles con el control y el guiado de la masa, y sobre la que existieron advertencias previas.

Eso exige explicaciones políticas. Todas. Sin argumentarios. Sin cortafuegos. Sin cabezas de turco. Sin perseguir primero al que lo contó.

Porque quizás esta sea la frase que mejor resume demasiados episodios de los últimos años: el problema para este Gobierno nunca parece ser lo que ha ocurrido; el problema empieza cuando alguien consigue contarlo.

Y por eso lo de Ceuta es mucho más importante que Ceuta.


Ayer miles de ciudadanos salimos a las calles. Y algunos seguirán intentando explicar aquellas concentraciones diciendo que eran del PP, de Vox, de la derecha o de la extrema derecha. Es la manera más cómoda de no escuchar lo que estaba ocurriendo.


Muchos no salimos como militantes de ningún partido. Salimos como ciudadanos.


Salimos para defender Ceuta, naturalmente. Pero también salimos para defender algo bastante más grande: que un Gobierno tenga límites, que las instituciones no sean propiedad de quien ocupa temporalmente La Moncloa y que los españoles tengamos derecho a conocer qué hacen nuestros gobernantes cuando algo tan grave sucede dentro de nuestras fronteras.

Pedro Sánchez no es el Estado. Marlaska no es la Policía. Un Gobierno no es España.


Son administradores temporales del poder. Y cuando un Gobierno empieza a considerar más peligroso al funcionario que cuenta algo que al hecho que ese funcionario está contando, ha llegado el momento de preocuparse seriamente por la calidad de nuestra democracia.


Ahora queremos saberlo todo. Quién recibió las alertas. Cuándo las recibió. Qué información llegó a Interior. Qué información llegó a Moncloa. Qué conocían nuestros servicios de inteligencia. Qué decisiones se adoptaron. Por qué se descartó durante semanas la responsabilidad marroquí. Y, sobre todo, quién está diciendo la verdad.


No queremos otra teoría. Queremos documentos. No queremos otro argumentario. Queremos responsabilidades.

Y si finalmente se acredita que el Gobierno conocía advertencias suficientes y, aun así, decidió ocultarlas, minimizarlas o construir públicamente una versión diferente, entonces esto ya no se arregla con otra rueda de prensa. Se arregla con dimisiones. Porque ya está bien.


Ayer salimos por Ceuta. Pero también salimos por algo mucho más sencillo y mucho más importante. Por nuestro derecho a saber. Y ahora sabemos al menos una cosa: sí que lo sabían.


Miguel Ángel Arranz

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