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El Petiso Orejudo: El niño que la ciudad prefirió llamar monstruo
Buenos Aires, 1912: Hoy cambiamos de registro. Salimos de España. Cruzamos el Atlántico. Y nos adentramos en un territorio que incomoda, que descoloca, que la mayoría prefiere no nombrar con claridad. Hoy hablamos de niños que matan. No de adultos con infancias difíciles. No de asesinos en serie con décadas a sus espaldas. Hablamos de niños. De manos pequeñas. De una violencia que no debería existir según todo lo que creemos saber sobre la inocencia, sobre la infancia, sobre
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José Jurado Montilla “dinamita Montilla”, la muerte que se retransmite, pero no se comprende.
Hay crímenes que parecen dormir en el pasado; historias envueltas en polvo, archivos y fotografías en blanco y negro cuyos nombres ya no nos dicen nada. Son casos que pertenecen a otra época, a otra tecnología, a otra manera de construir el relato de lo que ocurrió. Pero hay otros crímenes que respiran aquí mismo, en la pantalla que tienes en la mano, en la notificación que te interrumpió esta mañana. Tienen perfil activo, seguidores y un algoritmo que los empuja hacia nosotr
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Pilar Prades Santamaría, “La envenenadora de Valencia”
Hay crímenes que nacen del impulso. Un momento, una próxima víctima, una violencia que llega antes de que el pensamiento la frene. De eso habíamos hablado hasta aquí. Pilar Prades Santamaría no tenía impulsos. Tenía paciencia. Nació en Picassent, Valencia, en 1921. Hija de jornaleros, sin estudios, sin ningún sitio adonde ir que no fuera el servicio doméstico. Eso era lo que había para una mujer de su clase y de su tiempo: casas de otros, cocinas de otros, vidas de otros que
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Las muertes que nadie buscaba. Francisco García Escalero “ EL MATAMENDIGOS”
Hay muertos a los que nadie espera. Nadie pregunta por ellos esa misma noche, nadie insiste al día siguiente, nadie mueve un papel con verdadera prisa. No es que valgan menos. Es que vienen del lugar exacto del que uno prefiere no mirar: un banco de parque, un portal que huele a humedad, un colchón viejo bajo un puente. Personas que viven en los márgenes incluso cuando siguen vivas. Y que, cuando desaparecen, desaparecen dos veces. Francisco García Escalero entendió eso muy
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EL ARROPIERO El hombre que no necesitaba un escenario
Arrancamos esta sección con el caso que más me ha costado escribir. No por lo que hizo, que es mucho. Sino por lo que dice de todo lo demás. El mayor asesino en serie que ha dado España no tenía piso, no tenía agenda, no tenía cara conocida en ningún sitio. Solo tenía piernas. Y tiempo. Hay asesinos que necesitan ser vistos. Que montan la escena, dejan firma, construyen personaje. Como si matar fuera también una forma de existir para alguien que de otra manera no existiría. M
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