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LOS HABILITADOS NACIONALES (II).Cuando el control también necesita ser controlado.

  • 17 abr
  • 2 Min. de lectura

Entramos en la parte incómoda. La que no suele aparecer en manuales ni en jornadas técnicas.


El mito de la figura intocable

Dentro de muchos ayuntamientos existe una percepción clara: el habilitado nacional es difícil de cuestionar. Tiene respaldo normativo y protección administrativa. Y eso genera una dinámica interna: pocas veces se le discute abiertamente. No porque siempre tenga razón, sino porque su posición lo blinda.


Casos polémicos: cuando el sistema falla

Sin caer en generalizaciones, pero sin mirar hacia otro lado: en España han existido casos documentados en prensa donde interventores han sido investigados por irregularidades, secretarios han sido señalados en tramas urbanísticas, y técnicos han sido apartados por conflictos con gobiernos locales.


No es lo habitual. Pero rompe el relato de infalibilidad y deja claro algo básico: no son inmunes a errores ni a conductas reprochables.


La relación con el poder político

Aquí se juega todo. Existen tres escenarios reales:

›        Enfrentamiento: técnico vs. político, bloqueo institucional.

›        Equilibrio: cada uno en su papel, sistema funcionando correctamente.

›        Alineamiento: y aquí empieza el problema.


Cuando el habilitado se adapta en exceso, interpreta según contexto o evita conflictos... deja de ser control y pasa a ser engranaje.


El gran vacío: falta de escrutinio ciudadano

Y aquí llegamos al punto clave que casi nadie plantea. Para el ciudadano medio: no sabe quién es el interventor, no sabe quién es el secretario, no sabe cuánto cobran ni qué poder tienen. Pero influyen directamente en contratación pública, pagos, licencias y decisiones municipales.


Poder alto. Visibilidad casi nula.


Si exigen control, deben aceptar control

Si la figura del habilitado nacional se legitima como garantía del sistema, defensor del interés público y control del poder político, entonces la lógica es simple: ese mismo nivel de exigencia debe aplicarse hacia ellos.


Propuesta: transparencia real

No es un ataque. Es coherencia democrática. Sería razonable que se hiciera público:

›        Retribuciones completas.

›        Jornada real y dedicación efectiva.

›        Compatibilidades declaradas.

›        Acumulación de funciones en varios municipios.

›        Declaración de bienes.


La pregunta incómoda

¿Quién controla al que controla? Porque en democracia nadie debería estar fuera del escrutinio. Nadie debería ser percibido como intocable.


El problema no es la figura

La figura es necesaria. El sistema la necesita. El problema aparece cuando se confunde independencia con superioridad, cuando se confunde técnica con autoridad absoluta, o cuando se elimina cualquier control externo.


Conclusión

Los habilitados nacionales son imprescindibles. Pero también deben asumir algo básico: no están por encima del sistema, forman parte de él. Y como cualquier parte del sistema, deben ser transparentes, analizables y criticables.


Este artículo no va contra personas concretas. Va contra una idea peligrosa: la existencia de espacios de poder sin control visible.


Porque cuando eso ocurre, el problema deja de ser técnico y pasa a ser democrático.

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