O SÁNCHEZ O LA CARROÑA DE LA DERECHA

¿Y si Pedro Sánchez hubiera encontrado, precisamente en su último fracaso parlamentario, la excusa perfecta para convocar elecciones?
La pregunta empieza a cobrar sentido. Y mucho más después de los mal llamados decretos Maricarmen, que bien podrían rebautizarse como los decretos para terminar de espantar a los propietarios del mercado del alquiler.
Porque hay una cuestión que el Gobierno parece empeñado en ignorar: una vivienda que su propietario decide no alquilar es una vivienda menos disponible. Y aumentar la protección del inquilino sin garantizar suficiente seguridad jurídica al propietario puede acabar provocando exactamente lo contrario de lo que se pretende.
Pero volvamos a Sánchez. Imaginemos por un momento al presidente sentado en su despacho de la Moncloa, haciéndose una pregunta: ¿para qué esperar hasta agosto de 2027 si puedo convertir una derrota parlamentaria en el comienzo de mi campaña electoral?
Y aquí aparece la verdadera cuestión política.
PP y Vox han anunciado su rechazo a los decretos. Junts también ha comunicado que votará en contra si el Gobierno no los retira. Y la Moncloa, lejos de dar marcha atrás, ha decidido llevarlos al Congreso. El propio Sánchez ya ha situado a los tres partidos frente a una disyuntiva: estar con la ciudadanía o con los especuladores.
¡Qué extraordinaria oportunidad para construir un relato electoral!
De repente, Junts, ese partido con el que se podía negociar prácticamente cualquier cosa para sostener la legislatura, vuelve a aparecer en el discurso gubernamental junto a la derecha. Los siete diputados de Puigdemont, que tantas veces han resultado imprescindibles, ahora pueden convertirse en protagonistas del bloqueo.
Y así podría nacer una campaña electoral plebiscitaria: o Sánchez o la carroña de la derecha.
Una campaña en la que la discusión ya no giraría exclusivamente alrededor de los resultados de su Gobierno, sino alrededor del miedo a lo que podría hacer la oposición. Una campaña en la que los decretos rechazados serían presentados como la prueba de que solo Sánchez puede proteger a los inquilinos frente a quienes, según su discurso, defienden a los especuladores.
La hipótesis de unas elecciones en noviembre ya está sobre la mesa del debate periodístico. No existe, sin embargo, confirmación de que Sánchez haya tomado semejante decisión.
Pero el escenario plantea una paradoja formidable.
Un Gobierno que lleva años intentando resolver el problema de la vivienda podría acudir a las urnas convirtiendo su incapacidad para aprobar nuevas medidas en el principal argumento de campaña. Y mientras unos discutirían sobre fondos buitre y otros sobre seguridad jurídica, miles de españoles continuarían buscando una vivienda que pudieran pagar.
Quizá la gran pregunta no sea si Sánchez convocará elecciones en noviembre.
La pregunta es si el problema de la vivienda acabará encontrando una solución o simplemente un nuevo eslogan electoral.
Miguel Ángel Arranz
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