Alcobendas: entre semáforos y radares, el sinsentido recaudatorio
- Miguel Ángel Arranz Molins
- 4 jul 2025
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 5 jul 2025

En Alcobendas, la movilidad no la dictan ni el sentido común ni una estrategia de ciudad moderna. La dictan los semáforos… y los radares. En un tramo de apenas 4.500 metros —desde el Centro Cultural Pablo Iglesias hasta el Polideportivo José Caballero— el conductor se encuentra con una auténtica y absurda gymkana vial: 26 semáforos y 3 radares de velocidad. Es decir, un semáforo cada 173 metros. Un radar cada 1500 metros. ¿Estamos ante una ciudad que promueve la seguridad o simplemente frente a un modelo recaudatorio camuflado de civismo?
¿Da tiempo siquiera a acelerar?
La respuesta es tan obvia como la desfachatez del sistema: no. Con un semáforo cada 173 metros, es imposible alcanzar velocidades indebidas sin quedar atrapado en una nueva detención. Entonces, ¿cuál es la finalidad de los radares? ¿Proteger a los ciudadanos o castigar a conductores atrapados en un circuito urbano sin lógica? Esta planificación absurda convierte cada trayecto en una odisea, castiga a los vecinos con tiempos de desplazamiento eternos y añade el estrés permanente de una posible multa aunque apenas haya margen físico para infringir nada.
La trampa perfecta
Este tramo de Alcobendas parece diseñado con un único objetivo: recaudar. Y para muestra, un dato contundente: según el informe D-Vuelta de 2024, Alcobendas prevé recaudar 3,3 millones de euros solo en multas de circulación, lo que la convierte en el municipio que más recauda por este concepto de toda la Comunidad de Madrid, casi el doble que Alcalá de Henares (1,7 millones). ¿Hace falta más prueba de que esto no va de seguridad sino de ingresos?
El modelo del castigo
Esta política de movilidad transmite un mensaje claro: desconfianza hacia el ciudadano. Se parte de la premisa de que todo conductor es potencialmente culpable, por eso hay que vigilarle, pararle, y si puede ser, sancionarle. Lo que debería ser una conducción fluida, razonable y responsable se convierte en una continua interrupción sin sentido.
Una ciudad para la multa, no para el vecino
Alcobendas se convierte, tramo a tramo, semáforo a semáforo, radar a radar, en un ejemplo de cómo no gestionar la movilidad urbana. ¿Para qué sirven 3 radares en una vía donde apenas se puede acelerar? ¿No sería más eficaz usar esa tecnología en tramos realmente peligrosos? ¿O es que el objetivo nunca fue la seguridad?
La realidad es cruda: no hay planificación urbana, hay planificación recaudatoria. Y los ciudadanos lo saben. Lo padecen. Y lo pagan. Literalmente.
Miguel Ángel Arranz





