La alcaldesa y la propaganda de su vida privada
- Miguel Ángel Arranz Molins
- 18 dic 2025
- 2 Min. de lectura

Las cosas son como son. Si no quieres que tu vida privada sea utilizada políticamente, no la conviertas tú antes en propaganda.
Eso es exactamente lo que le pasa a la alcaldesa de Alcobendas. Le incomoda que las críticas giren en torno a su imagen o a su familia, pero es ella quien ha decidido hacer política desde ahí. Es ella quien exhibe su vida privada, quien convierte lo personal en mensaje público y quien utiliza a su familia como parte del relato político.
Habrá quien diga que esto “humaniza” a la alcaldesa, que acerca al político a los vecinos. Yo no lo compro. No lo humaniza: lo banaliza. Convertir la vida privada en herramienta política no es cercanía, es marketing barato. Y, en muchos casos, es una coartada para tapar la falta de discurso, de proyecto y de gestión.
Porque cuando un dirigente necesita recurrir a su familia y a su intimidad como argumento político, suele ser porque tiene poco que ofrecer en el terreno que de verdad importa: las políticas públicas, las decisiones, los aciertos y los errores. Cuando no hay medidas sólidas que defender, se rellena el vacío con imagen, emoción y escenas domésticas.
Un político no debería ser conocido por su álbum familiar, sino por su trabajo. Por lo que hace, por lo que decide y por lo que deja de hacer. Por sus políticas, no por sus fotos. Exponer a la familia para intentar humanizarse es un recurso falaz y, francamente, lamentable.
No se puede jugar a dos barajas.
O mantienes tu vida privada fuera del debate político, o asumes que, si la utilizas como escaparate, será también campo de batalla. Si haces política con tu vida privada, no hay derecho a la queja cuando otros hacen política con lo mismo. Punto.
Miguel Ángel Arranz





