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Alcobendas y el síndrome del balón: cuando la alcaldesa no está, nadie juega

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • 10 jun 2025
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 12 jun 2025


En Alcobendas hemos pasado del “Gobierno de todos” al “Gobierno de una”. Una sola figura, una sola voz, una sola presencia que parece indispensable para que cualquier engranaje institucional funcione. Y es que, según fuentes internas del propio consistorio, si la alcaldesa no está, nadie puede parecer que trabaja. Literal. Ni actos públicos, ni declaraciones, ni presencia institucional. Instrucciones claras de la maquinaria de comunicación política que la rodea: nadie sale si no sale ella.


Se ha instaurado una lógica que recuerda a cuando éramos niños y en el patio del colegio el dueño del balón decidía cuándo y cómo se jugaba. “Si yo no juego, me llevo el balón”. Así está funcionando hoy el equipo de gobierno en Alcobendas, con concejales totalmente supeditados a la agenda personal de la alcaldesa, como si fueran figurantes esperando a que el personaje principal diga acción.


Esta estrategia de visibilidad centrada en una sola figura política no es nueva en la historia, pero en Alcobendas está alcanzando niveles de parodia. En lugar de empoderar a su equipo, la alcaldesa ha optado por neutralizar toda iniciativa individual, como si el talento propio fuera una amenaza en lugar de un valor añadido. No hay rueda de prensa sin su presencia, no hay inauguración sin su rostro al frente, no hay declaración institucional sin que se dé luz verde desde su círculo más estrecho. La consigna es clara: prohibido brillar más que ella.


¿Dónde están los concejales? ¿Qué opinan sobre los temas relevantes de la ciudad? ¿Qué aportan más allá del asentimiento disciplinado? La respuesta, por desgracia, es cada vez más preocupante: nada que no pase por el filtro de comunicación de la alcaldesa. Un silencio que no es casual, sino programado. Una invisibilización deliberada para que nadie interfiera en la construcción de un relato donde solo una protagonista se lleva los aplausos.Los concejales del gobierno local, lejos de ejercer un rol activo, se han convertido en una comparsa que baila al son que marca el equipo de comunicación.


Ya no hay espacio para el pensamiento propio ni para la acción política autónoma: solo hay coreografía, instrucciones y una melodía bien afinada para no desafinar frente a cámara. Pero gobernar no es hacer marketing de uno mismo. Gobernar es liderar equipos, es delegar, es permitir que otros también aporten, hablen, decidan y se equivoquen.


Porque si todo depende de una sola persona, ¿qué pasa cuando esa persona no está? La ciudad se detiene, los canales oficiales callan, y los problemas esperan a que vuelva quien “tiene el balón”.Alcobendas merece algo mejor que un gobierno de cartón piedra donde solo se mueven las piezas que convienen a la fotografía. Merece pluralidad, participación real y voces que no tengan miedo a hablar sin el permiso de su superior.


Porque cuando una alcaldía se convierte en un plató y el ayuntamiento en una oficina de producción de imagen, lo que se gobierna ya no es una ciudad, sino un personaje.


Miguel Ángel arranz


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