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Alcobendas se hunde: dos años de propaganda, cero gestión

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • 10 jun 2025
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 12 jun 2025


Han pasado dos años desde las elecciones municipales de 2023, y Alcobendas no ha ganado nada. Al contrario: ha perdido tiempo, oportunidades y rumbo. La ciudad vive sumida en una parálisis maquillada por una estrategia de marketing político que convierte cada rueda de prensa en un photocall, cada inversión en un eslogan, y cada problema real en una campaña de imagen. Alcobendas no está gobernada: está teledirigida desde Génova, rendida a las órdenes de Isabel Díaz Ayuso y los asesores de turno que fabrican perfiles políticos como si fueran influencers.

La alcaldesa Rocío García no actúa como regidora. Actúa —o mejor dicho, posa— como un producto de marketing político: sin autonomía, sin gestión y sin conexión real con las necesidades del municipio. Todo se subordina al relato, a las fotos, a los vídeos cortos en redes, a los titulares vacíos y a la falsa sensación de modernidad. No hay plan, no hay proyecto, no hay política de ciudad. Solo hay una obsesión por la estética, el postureo institucional y el seguidismo acrítico al manual de comunicación del Partido Popular madrileño.


Una gestión de Instagram, no de gobierno


Los problemas de Alcobendas no se solucionan con vídeos en TikTok ni con discursos huecos ante pantallas LED. En estos dos años no se ha abordado ninguna transformación estructural. La limpieza sigue estancada, los servicios públicos están más externalizados que nunca, la movilidad es un caos, la seguridad real se ha sustituido por radares recaudatorios y luces brillantes en vez de patrullas eficaces. La vivienda asequible sigue siendo un sueño para los jóvenes, y la agenda social ha desaparecido en favor de fastos institucionales.

Las decisiones no se toman en base al interés general, sino a lo que "vende mejor". Lo importante no es resolver problemas, sino parecer que se hace. El gobierno municipal confunde comunicación con gestión, imagen con acción. Y mientras tanto, Alcobendas envejece, se fragmenta y pierde competitividad frente a municipios que sí han apostado por políticas urbanas de verdad.


La oposición: una nómina más


Pero si grave es el desgobierno, más sangrante es la postura de la oposición. No hay crítica, no hay control, no hay alternativas. Solo hay silencio cómodo, pactado y remunerado. La oposición ha sido cooptada por el sistema retributivo que reparte sueldos y cargos con generosidad. Y cuando tu principal incentivo es cobrar a fin de mes, tu labor fiscalizadora desaparece.

En el Pleno se finge debate, pero en realidad todos forman parte de un mismo decorado. Nadie denuncia el vaciamiento institucional, nadie levanta la voz por los vecinos. La izquierda se ha institucionalizado, la derecha crítica ha desaparecido y los partidos locales han sido ninguneados o absorbidos por el conformismo. Alcobendas no tiene oposición: tiene plantilla política.


¿Qué hemos ganado? Nada. ¿Qué hemos perdido? Dos años.


Se han perdido dos años valiosísimos para transformar Alcobendas. Dos años que podrían haberse destinado a reforzar la atención social, mejorar el urbanismo, facilitar el acceso a la vivienda, reforzar la seguridad vecinal real, o reindustrializar el norte del municipio. Pero no. El tiempo se ha ido en notas de prensa, actos de autobombo, redes sociales institucionales convertidas en agencias de publicidad, y campañas de propaganda con dinero público.

La ciudad está peor que en 2023, pero la alcaldesa sonríe más. Los vecinos pagan más, pero las pantallas brillan. Los concejales gestionan menos, pero actualizan su perfil institucional cada semana. Así es el nuevo Alcobendas: una ciudad decorada, sin alma, sin proyecto, sin liderazgo.


Es hora de despertar


La política local no puede seguir convertida en una pasarela de asesores. Alcobendas no necesita productos de márketing: necesita gestión real, participación vecinal, control democrático y soluciones eficaces. Y necesita, con urgencia, una alternativa a este teatro de cartón piedra que nos venden como política.

Porque una ciudad no se gobierna con filtros de Instagram, sino con principios, con trabajo diario y con compromiso real con la ciudadanía. Y eso, a día de hoy, no lo tiene nadie en el Ayuntamiento.

Miguel Ángel Arranz

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