El ridículo de las fronteras imaginarias entre Alcobendas y San Sebastián de los Reyes
- Miguel Ángel Arranz Molins
- 5 oct 2025
- 2 Min. de lectura

Si algo define a la política local de nuestro entorno es el esperpento. Y no hay mejor ejemplo que lo ocurrido con el homenaje a la Policía Nacional, un cuerpo que simboliza la unidad, la protección y la presencia del Estado en cada rincón de España. Un símbolo común que debería servir para unir, y que aquí, en nuestra tierra, se ha convertido en un esperpento de ego y chiquilladas políticas.
Porque resulta que en lugar de levantar un único monumento conjunto, digno, sobrio y compartido por Alcobendas y San Sebastián de los Reyes, se ha optado por lo grotesco: dos monumentos, enfrentados, separados por apenas 50 metros, como si una frontera invisible obligara a duplicar la ridiculez. ¿El motivo? No tiene nada que ver con la Policía Nacional. Tiene que ver con algo mucho más mezquino: que en la placa de uno figure la alcaldesa de Alcobendas y en la del otro figure la alcaldesa de San Sebastián de los Reyes. Ni más, ni menos.
Esto no es un homenaje, es un ejercicio de narcisismo político. Es el reflejo de cómo se entiende la política municipal: no como servicio público, sino como escaparate de egos. Un monolito no era suficiente, porque entonces habría que compartir protagonismo. Y claro, aquí no se comparte nada, ni siquiera un símbolo de unidad nacional.
Lo más grave es que esto ocurre ante el silencio absoluto de la oposición. Vox, que a nivel nacional ondea la bandera de la unidad de España a cada minuto, traga con este ridículo monumental y permite que se divida un homenaje que debería ser común. el PSOE, exactamente igual: callados, sumisos, anestesiados aunque no es de extrañar y el "marisqueiro" de SUMAR ni tan siquiera lo querría . Nadie dice nada, porque nadie quiere perder su sillón.
El resultado es demoledor: dos piedras vacías de contenido, pero llenas de ego, que no representan a la Policía Nacional, sino a la vanidad de dos alcaldesas incapaces de ceder un ápice de protagonismo. Dos monumentos que no homenajean, sino que ridiculizan; que no unen, sino que separan; que no recuerdan a la Policía, sino al ombligo político de quienes los inauguraron.
En una España que necesita símbolos de unidad y respeto, lo que tenemos en Alcobendas y San Sebastián de los Reyes es la caricatura de dos municipios incapaces de estar a la altura. Dos pueblos que, en vez de unirse en torno a lo común, deciden erigir muros invisibles para alimentar egos visibles. Y la oposición, como siempre, desaparecida.
Y lo peor es que este ridículo nos cuesta dinero. Porque en los próximos días preguntaremos cuánto ha salido de los bolsillos de los vecinos de Alcobendas para pagar el capricho de levantar dos monolitos para una misma causa, solo para justificar el ego de quienes necesitaban salir en la foto. Esa es la factura real de la política inútil.
Miguel Ángel Arranz





