Ignacio García de Vinuesa: la vuelta del ego camuflada de homenaje
- Miguel Ángel Arranz Molins
- 13 jun 2025
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Ignacio García de Vinuesa, exalcalde de Alcobendas (2007-2019), ha conseguido finalmente lo que durante años ha buscado con obsesión: que su nombre figure en letras doradas sobre un edificio público. En 2025, el Centro de Arte de Alcobendas ha pasado a llamarse oficialmente Centro de Arte Alcalde García de Vinuesa. Y con ello, se consuma el capítulo más rancio del personalismo político local.
Lejos de ser una decisión unánime motivada por el reconocimiento ciudadano, esta designación ha sido el resultado de una presión silenciosa, ejercida desde los salones de La Moraleja, donde Vinuesa sigue sintiéndose el regente moral de una ciudad que le giró la cara hace ya años. Su regreso no es político, es simbólico: quiere perpetuarse donde no pudo mantenerse por méritos.
Hay algo aún más grotesco en esta operación: el vínculo roto entre Vinuesa y la actual alcaldesa, Rocío García Alcántara. Fue Vinuesa quien la apartó del camino político cuando aún era alcalde, dejándola fuera del tablero institucional del PP local.
La consideraba un estorbo, una figura menor en su estrategia personalista. Y ahora, años después, es ella quien, sin convicción ni entusiasmo, se ve obligada a rehabilitarlo, empujada por los intereses del clan de la Moraleja.
Lo que se ha escenificado en 2025 no es un homenaje, es un pacto de silencio entre dos figuras fracturadas. Vinuesa necesita reconocimiento.
Rocío necesita blindaje social ante el desplome de su liderazgo real. Ambos se utilizan mutuamente. Uno recupera estatus. La otra gana cobertura entre los sectores más elitistas del municipio.
La ciudad no reclama nombres grabados en piedra. Reclama futuro. El PP de Alcobendas ha perdido el rumbo cuando necesita desempolvar a su viejo patrón para tranquilizar a su núcleo duro. Y eso dice más del vacío político actual que del pasado de Vinuesa. Ponerle su nombre al Centro de Arte no es un gesto cultural, es una claudicación.
Ignacio García de Vinuesa no ha vuelto por el bien común. Ha vuelto para saciar su ego. Y Rocío García Alcántara, que un día fue apartada por él, hoy le abre la puerta para asegurarse oxígeno político. Una operación de intereses cruzados que solo refleja decadencia: la ciudad merece liderazgo, no vanidad institucionalizada.
Miguel Ángel Arranz





