top of page

La Omertá de Alcobendas. (Parte 2)

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • 2 oct 2025
  • 2 Min. de lectura


Si en la primera parte describíamos la vergonzosa omertá política que asfixia a Alcobendas, en esta segunda toca poner nombre y siglas a los protagonistas de este teatro. Porque aquí nadie se salva: todos participan, todos callan, todos se reparten la comodidad de vivir de la política sin ejercerla.


El Partido Popular, en el Gobierno, juega en campo abierto. Con una oposición anestesiada, la alcaldesa puede levantarse cada mañana a posar en fotos, a recitar anuncios banales y a presumir de una gestión que nadie fiscaliza. El PP ha encontrado la fórmula perfecta: un pleno de trámite donde todo lo que se aprueba es lo que interesa al Ejecutivo, sin ruido ni resistencia. El poder con alfombra roja.


El Partido Socialista, reducido a eco de Ferraz, es la caricatura de sí mismo. Mismo discurso desde hace dos décadas, mismo patrón, mismas caras desgastadas que ya forman parte del mobiliario del Ayuntamiento. Repetir lo que ordena el PSOE nacional, autonómico y Rafael Sánchez Acera además de sobrevivir. Ni una idea fresca, ni una propuesta propia. Una plantilla de funcionarios con carné de partido.


VOX, por su parte, vive de la inercia. Saben que su munición la disparan sus líderes nacionales y ellos solo se limitan a aplaudir y repetir. Algún aspaviento de cara a la galería, cuatro frases para contentar a su parroquia y poco más. Vox en Alcobendas no fiscaliza, no propone, no construye. Solo certifica su existencia.


El invento de Futuro Ciudadanos, con Aitor Retolaza al frente, es un chiste ya contado. Su destino está marcado: integrarse en el PP. Por eso no mueve un dedo que pueda incomodar a quienes le preparan el aterrizaje. El discurso vacío de siempre, pero con un pie en Génova y otro en el sillón que aún ocupa.


Más Madrid, encarnado en Mariano Cañas, es la broma sindical convertida en acta. Un pie en la política, otro en el sindicalismo de mariscada. Su futuro está escrito: integrarse en el PSOE como comparsa o volver a la comodidad de su circuito sindical. Lo último que hará será enfrentarse al poder, porque aquí se trata de asegurar la mesa y el menú.


La conclusión es clara: todos están callados y todos son responsables de esta omertá que convierte a Alcobendas en una ciudad sin oposición, sin debate y sin futuro político real. Lo que debería ser un ágora democrática se ha convertido en un club privado donde lo único que importa es mantener la nómina. Y la alcaldesa, encantada, porque en este pacto de silencio ella es la gran beneficiada.


Miguel Ángel Arranz

bottom of page