La Omertá de Alcobendas. (Parte 3)
- Miguel Ángel Arranz Molins
- 3 oct 2025
- 2 Min. de lectura

La tercera pata de esta omertá que asfixia Alcobendas son, sin duda, los medios de comunicación locales. Y sé perfectamente que escribir esto puede costarme críticas, cancelaciones y alguna llamada incómoda. Pero la verdad, como siempre, es incómoda: la prensa local de Alcobendas es parte activa del problema.
Aquí no hay periodismo libre, ni periodismo fiscalizador. Aquí hay prensa subvencionada. Medios que, lejos de ejercer su labor de control, han optado por convertirse en correas de transmisión del poder político.
Cuando digo ninguno, es ninguno: no hay un solo medio que se atreva a levantar la voz, a incomodar, a denunciar lo que ocurre en la ciudad. Y cuando alguno amaga con asomar la cabeza para cuestionar al gobierno de turno, rápidamente se ve obligado a equilibrar la balanza con un artículo complaciente, una entrevista amable o una nota de prensa recitada sin tocar una coma.
Porque en Alcobendas todo se compra: el espacio en los medios, la cobertura de los plenos, los anuncios institucionales, la publicidad de los grupos municipales. La supervivencia económica de los medios locales depende casi en exclusiva de lo que suelte el Ayuntamiento, sea en forma de publicidad institucional o de subvención encubierta. Resultado: silencio comprado, titulares dóciles, crítica nula.
Ni una sola entrevista incómoda. Ni un solo artículo de investigación. Ni una sola carta al director que moleste. Nada. Todo controlado, todo suave, todo al servicio de mantener la paz ficticia que tanto gusta a los que gobiernan y a los que cobran del sillón.
Por suerte para los vecinos, la difusión de esta prensa es mínima, testimonial, casi inexistente. Más allá del panfleto institucional “7 Días” y de los cuatro eventos que repiten año tras año como un Día de la Marmota que huelen a viejuno, nadie se informa realmente a través de esos medios. Son periódicos de salón, de foto oficial y de aplauso pagado.
Y por eso, los medios de comunicación también son responsables de esta omertá, porque si hubiesen hecho su trabajo, hoy no estaríamos ante una ciudad anestesiada políticamente. Han preferido ser parte del engranaje en lugar de ser contrapoder. Y esa decisión tiene un precio: la credibilidad perdida.
Miguel Ángel Arranz





