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La Omertá de Alcobendas. (Parte 1)

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • 1 oct 2025
  • 2 Min. de lectura


En Alcobendas se respira silencio, y no precisamente un silencio respetuoso o prudente, sino uno cómplice, uno pactado, uno comprado. Lo que vivimos hoy en el Ayuntamiento no es política, es pura supervivencia funcionarial. Nuestros concejales se han convertido en burócratas de nómina, en empleados de ventanilla con acta municipal. Llegan, cobran y se van. Nada más.


Lo que debería ser un pleno municipal —un espacio de control, de debate, de fiscalización y, en definitiva, de política con mayúsculas— se ha degradado a una liturgia rutinaria, vacía y carente de contenido. Un teatro en el que las siglas de VOX, Partido Popular, PSOE, Futuro o Más Madrid no significan nada, porque todos ellos han decidido hincar la rodilla y aceptar la omertá del sillón. Ni una iniciativa propia, ni una crítica seria, ni una presión real al gobierno municipal. Solo eco de lo que dictan las direcciones nacionales, como loros obedientes.


El pacto tácito es evidente: nadie incomoda a nadie. El equipo de gobierno se siente cómodo porque la oposición no incomoda, y la oposición agradece que no se les apriete demasiado, no sea que peligre la estabilidad de sus dietas y salarios. Una paz de cementerio político. Una tregua vergonzosa. Una omertá de partido.


Mientras tanto, los vecinos asisten atónitos a un espectáculo decadente. Los anuncios banales disfrazados de grandes logros se multiplican. Cortinas de humo que se difunden con la complicidad de quienes deberían denunciarlas. La oposición aplaude o calla, porque saben que si el decorado se mantiene intacto, todos podrán repetir. Ese es el objetivo: sobrevivir cuatro años más. Repetir. Acomodarse. Repartirse de nuevo los sillones en 2027.


Alcobendas no tiene hoy una oposición. Tiene actores que simulan estar en política mientras lo único que hacen es proteger su nómina. Y eso, en una ciudad que necesita soluciones reales, proyectos valientes y políticos con coraje, no es otra cosa que una auténtica vergüenza.


Miguel Ángel Arranz

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