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Un contrato a dedo cada dos días: Alcobendas bate récord en adjudicaciones sin concurencia

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • 16 jun 2025
  • 2 Min. de lectura

En los primeros cinco meses de 2025, el Ayuntamiento de Alcobendas ha adjudicado 61 contratos menores.


Hasta ahí, nada nuevo bajo el sol de la administración pública. Lo llamativo, lo que roza el descaro institucional, es que la gran mayoría de estos contratos presentan un patrón idéntico: cantidades cercanas al límite máximo permitido para poder ser adjudicados directamente, sin concurrencia pública ni competencia real.


Hablamos de servicios que curiosamente se presupuestan entre 14.000 y 14.999 euros, y obras que, casualmente, se quedan por debajo de los 25.000 euros, justo el umbral legal que marca la Ley de Contratos del Sector Público para poder firmar a dedo sin licitación. Ni un euro más, ni un euro menos. Cifras tan ajustadas que rozan lo milagroso… o lo escandalosamente premeditado.


El resultado es un promedio de un contrato a dedo de máxima cuantía posible cada dos días laborables. Todo dentro de la legalidad, claro. Pero también todo dentro de una fórmula perfecta para esquivar controles y evitar la transparencia. Porque en lugar de licitar, comparar ofertas o dar acceso a más empresas, se opta por repetir proveedores de confianza, regar con contratos discretos y consolidar una red de adjudicatarios próximos.


Y la cifra final no es anecdótica: estos 61 contratos suponen un gasto público cercano al millón de euros. Casi un millón adjudicado a dedo, sin licitación, sin competencia y sin explicación clara para los vecinos.


Esta forma de gestionar degrada la función pública, convierte el presupuesto en un pastel para repartir sin control y banaliza el dinero de los vecinos. No es eficiencia. No es agilidad. Es simplemente una cultura clientelar de contratación menor al límite, diseñada para operar sin escrutinio.


¿Qué dirá el equipo de gobierno? Que es legal. Pero lo legal no siempre es lo legítimo. Y cuando los números se repiten con tanta precisión, no estamos ante casualidades, sino ante una estrategia opaca de gasto público en beneficio de unos pocos.


Miguel Ángel Arranz

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