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Un millón al año en propaganda para una alcaldesa de escaparate

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • 15 jun 2025
  • 3 Min. de lectura

En Alcobendas, cada vecino está pagando —aunque no lo sepa— una factura escandalosa para mantener la imagen pública de la actual alcaldesa, Rocío Sara García Alcántara. Mientras las calles reclaman inversión real, los barrios exigen mantenimiento, y los servicios públicos se estancan, el equipo de gobierno ha optado por destinar una suma que podría rozar el millón de euros anuales exclusivamente a su maquinaria de propaganda personal.



Una estructura sobredimensionada… y opaca



La alcaldesa cuenta con 8 asesores personales de designación directa, con sueldos que parten desde los 33.000 euros anuales y alcanzan casi los 60.000. No se trata de técnicos con méritos acreditados por oposición, sino de personas de confianza, seleccionadas por afinidad política. En los próximos artículos pondremos nombre, cara y función a cada uno de ellos.


A este equipo se suman al menos dos fotógrafos oficiales, cuya labor es capturar la figura de la alcaldesa en todo tipo de eventos, paseos, visitas e incluso encuentros irrelevantes. La imagen —no la acción de gobierno— es la prioridad.



La revista 7 Días: autobombo institucional



El gasto se dispara con la revista institucional “7 Días”, que ha pasado de ser un boletín informativo a convertirse en un panfleto de autobombo semanal, centrado casi exclusivamente en ensalzar a la alcaldesa.


Cada mes se producen y reparten 45.000 ejemplares impresos a todo color, en papel de alta calidad. Solo esta tirada, entre redacción, diseño, corrección, impresión y distribución, cuesta cientos de miles de euros anuales. La estimación conservadora supera los 400.000 euros al año, sin incluir el personal fijo de comunicación.



Medios locales a sueldo y periodismo domesticado



Y por si fuera poco, hay que sumar toda la ingente cantidad de dinero que el Ayuntamiento destina a medios locales, en forma de contratos, inserciones publicitarias y colaboraciones, cuya única finalidad real es contribuir a sostener una imagen impoluta de la alcaldesa. Medios que, a cambio de estas inyecciones económicas, evitan cualquier crítica, replican notas de prensa institucionales sin contraste, y convierten la comunicación pública en propaganda.


Nada diferente, por cierto, a lo que hace Pedro Sánchez desde Moncloa. Modelo calcado: controlar el relato mediante pagos encubiertos a medios afines, evitar el disenso, silenciar el periodismo incómodo, y proyectar una figura política de cartón piedra… pero muy bien iluminada.



El coste de construir un producto político



Si sumamos los salarios de los asesores, los fotógrafos, los trabajadores vinculados a la producción de la revista, el personal técnico de comunicación, la impresión mensual y las partidas dirigidas a medios complacientes, la cifra se aproxima peligrosamente al millón de euros al año.


Ese es el precio que pagan los vecinos por mantener el escaparate perfecto de una alcaldesa que gobierna como si fuera un producto de marketing. Su mandato no se centra en transformar la ciudad, sino en controlar la narrativa visual, llenar titulares superficiales y blindar su proyección personal.



La oposición: entre el silencio y la comodidad



Y todo esto se hace sin apenas contestación política. La oposición institucional calla o aplaude. Ningún grupo exige transparencia real, recortes en propaganda ni una auditoría del gasto comunicativo. El silencio se ha institucionalizado, como si el dinero público fuera una herramienta legítima de promoción personal.


Mientras tanto, los vecinos de Alcobendas siguen recibiendo revistas en sus buzones, viendo fotos institucionales sin descanso y leyendo promesas recicladas… pagadas con su dinero.


Miguel Ángel Arranz

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