VOX Alcobendas necesita que el PP no cumpla: su negocio es el ‘querer y no poder
- Miguel Ángel Arranz Molins
- 8 oct 2025
- 3 Min. de lectura

Vox Alcobendas ha conseguido que el pleno municipal apruebe su propuesta de rebajas fiscales para 2026. Sobre el papel suena bien: bajadas de impuestos, bonificaciones para familias numerosas, incentivos a empresas que generen empleo y un supuesto recorte del gasto político. En la práctica, sin embargo, es otro brindis al sol. Un gesto más para la galería que no cambia nada, porque todos sabemos que lo difícil no es aprobar una moción, sino convertirla en realidad.
Cada cierto tiempo vuelve el mismo guion: una moción “valiente”, titulares llamativos y una foto en redes sociales. Pero cuando llega el momento de la ejecución, el fantasma del incumplimiento reaparece. Entonces escucharemos lo de siempre: que “no se pudo aplicar porque el PP no quiso”, que “intervención del ayuntamiento ” o que “faltan informes técnicos”. Al final, la historia se repite: unos dirán que se cumplió y otros que no, y el ciudadano seguirá pagando lo mismo o más.
Lo realmente fácil sería ser claros: o se bajan los impuestos con cifras, comparativas y fechas concretas, o se dice abiertamente que no se van a bajar. No pasa nada por decir la verdad. De hecho, quedaría mejor reconocer que los márgenes municipales son limitados y que, si se bajan tasas, hay que recortar servicios. Pero eso exigiría un discurso político adulto, no el permanente “querer y no poder” al que VOX se ha abonado.
El problema de VOX no es la propuesta en sí, sino la falta de coherencia entre lo que dicen y lo que hacen. Si tan convencidos están de bajar impuestos, ¿por qué no lo demuestran con números, con una comparativa con municipios vecinos o con un plan serio de reducción del gasto real? Porque lo que hay detrás de esta iniciativa no es convicción económica, sino cálculo político: necesitan mantener vivo el relato del agravio, el papel del que “quiere hacer” pero no le dejan.
Y esa estrategia solo funciona si el PP —que gobierna— no cumple. VOX necesita que el PP no baje impuestos, necesita que incumpla, para poder señalar con el dedo y decir “os lo dijimos”. De lo contrario, su papel de oposición útil se evapora.
Y llegamos al punto más hipócrita del asunto: el famoso “recorte del gasto político”. ¿De quién hablamos exactamente? ¿De los asesores de otros partidos o también de los suyos? Porque es muy fácil hablar de suprimir “chiringuitos” y “dedazos” mientras se mantienen representantes y consejeros en empresas públicas.
Cuando se habla de “reducir gasto político”, la pregunta incómoda es esta: ¿van a renunciar los suyos también a sus cargos en entes públicos? ¿Van a aplicar el mismo rasero a sus propios representantes? O, como tantas veces, ¿el “recorte” es solo para los de enfrente?
Esta retórica se repite elección tras elección: se anuncian recortes simbólicos, se señalan a los demás y, mientras tanto, el gasto político se reestructura, pero no se elimina. Cambian los nombres, no los puestos. Cambian los partidos, no las sillas.
Las rebajas fiscales de VOX en Alcobendas son humo político. Un golpe de efecto diseñado para aparentar firmeza y ganar titulares, pero sin una hoja de ruta seria detrás. Si de verdad quieren cambiar las cosas, que empiecen por la coherencia: menos declaraciones vacías y más resultados tangibles.
Porque no hay nada más honesto que decir: “no vamos a bajar los impuestos”. Al menos sería una declaración adulta y sincera. Pero claro, eso no se puede poner en una pancarta ni da votos. Así que, de momento, seguiremos viendo brindis al sol, mociones huecas y discursos en bucle.
Y mientras tanto, el ciudadano —el que paga— seguirá esperando que alguien, por una vez, diga la verdad y la cumpla.
Miguel Ángel Arranz





