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118.000 funcionarios ausentes: el reino del privilegio público mientras el resto de españoles paga la fiesta

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • 6 ago 2025
  • 2 Min. de lectura

Cada día, 118.000 empleados públicos faltan a su puesto de trabajo, y un 27% lo hace sin siquiera una baja médica. Es decir, casi 32.000 personas que simplemente no aparecen por su oficina, hospital o ventanilla y no pasa absolutamente nada.



Este dato es un escándalo que retrata el abuso y la impunidad en una parte de la Administración pública española:


  • Un sistema que permite cobrar religiosamente cada mes sin importar el compromiso.

  • Una estructura blindada por privilegios, donde la sanción es una utopía y la responsabilidad, ciencia ficción.

  • Y todo sostenido con el dinero de los mismos de siempre, esa mayoría de trabajadores del sector privado que si fallan un solo día se enfrentan a descuentos en nómina, despidos y reproches.


Los valedores del abuso: sindicatos y burocracia


Nada de esto sería posible sin la red de protección sindical y política que ampara estas conductas.


  • Sindicatos convertidos en fortines de privilegios, más preocupados de blindar el absentismo y negociar liberaciones que de mejorar de verdad los servicios públicos.

  • Administraciones que miran hacia otro lado, porque el voto y la paz social valen más que la productividad.


Mientras tanto, los pagafantas de siempre, los ciudadanos corrientes, seguimos financiando este despropósito con impuestos récord y escuchando, con tono de desprecio:


“Haber aprobado tú una oposición…”


Como si aprobar un examen hace diez o veinte años fuese un salvoconducto para vivir por encima de las normas básicas de cualquier trabajador, un estatus laboral ridículo elevado a la categoría de casta intocable.


La realidad que nadie quiere contar


Este absentismo masivo no es solo un número en la estadística.


  • Se traduce en ventanillas cerradas, listas de espera, retrasos y ciudadanos mal atendidos.

  • Destruye la reputación de los muchos funcionarios ejemplares, que sí cumplen, y que ven cómo unos pocos abusan sin consecuencias.

  • Normaliza la cultura del privilegio, donde una parte del Estado se cree superior al resto del país que le paga el sueldo.


El resultado: un sector público hipertrofiado, poco eficiente y que se ha acostumbrado a vivir al margen de la realidad laboral del resto de españoles.


España sufre una burbuja de privilegios públicos protegida por sindicatos y tolerada por la política.

Mientras tanto, el ciudadano corriente sigue pagando la fiesta y soportando el discurso insultante de quienes creen que aprobar una oposición les convierte en una casta intocable.


Si de verdad queremos un país moderno y justo, el absentismo debe tener consecuencias reales.

Hasta que eso ocurra, seguiremos siendo el paraíso del privilegio público y el infierno del contribuyente

 
 
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