La 7: el último eslabón del control mediático
- 8 ene
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La 7 —o 7TV— es la pieza que faltaba. Con ella, el Gobierno completa un ecosistema mediático bajo control mientras predica libertad de expresión. Dice que viene a combatir bulos. Falso. Su método no es desmentirlos, es imponerlos por saturación, por ocupación del espacio, por agotamiento del mensaje alternativo.
En cualquier democracia madura, que un Ejecutivo impulse una cadena propia, al margen de la pública, sería un escándalo institucional. Aquí se vende como normalidad. Y no lo es. Se hace con un objetivo inequívoco: llegar a 2027 con la parrilla alineada y la oposición relegada al margen, ahogada por el ruido oficial.
El Gobierno ya dispone de RTVE, sometida a un control no ya evidente, sino absoluto. Tan controlada que incluso las mínimas exigencias de lo público —pluralidad, contraste, cierto equilibrio— empiezan a molestar. ¿La solución? Crear otra cadena, sin las servidumbres de lo público, para emitir propaganda sin complejos. Una TDT afín para maniobrar sin dar explicaciones.
Esto no va de medios. Va de poder. De copar el mercado de la comunicación para que cualquier mensaje que no encaje en el relato oficial quede arrinconado, desacreditado o directamente invisibilizado. De convertir la lucha contra las “fake news” en una fábrica de relato único. De llamar libertad a la uniformidad.
Y no nos engañemos: esto no es una casualidad ni una oportunidad técnica surgida de la nada. Es planificación política. Se construye el discurso desde el BOE, se cocina en los despachos y se sirve en prime time. Primero se coloniza lo público, luego se presiona a lo privado y, cuando aún no basta, se crea un medio a medida. Todo bajo el disfraz de la “democracia avanzada”, mientras se reduce el espacio del disenso a la mínima expresión.
Con estos mimbres, hablar de igualdad de condiciones en 2027 es una broma. Hacer oposición será heroico. Emitir un mensaje que no sea el del Estado —o, más exactamente, el del sanchismo— será excepcional. Y eso, por mucho que lo adornen, no es libertad de expresión. Es control. Y es deliberado.
Miguel Ángel Arranz





