Óscar López decía que todo era un bulo
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Hay algo todavía más grave que un escándalo político: utilizar las instituciones, los medios y los altavoces del poder para intentar convencer a la sociedad de que lo que estaba viendo con sus propios ojos era mentira.
Y eso es exactamente lo que ha hecho Óscar López durante meses. Salir una y otra vez en televisión, con esa mezcla de arrogancia y obediencia monclovita, diciendo que todo era un “bulo”, una “conspiración” o una “campaña de la derecha”. Siempre el mismo manual. Siempre la misma estrategia. Negarlo todo hasta que ya no se puede sostener más.
Porque ahora resulta que aquello que supuestamente era inventado empieza a aparecer documentado, publicado y señalado incluso en investigaciones policiales y judiciales. Y claro, el problema no es solo lo que ocurrió. El problema es toda la maquinaria política y mediática que se activó para taparlo.
Óscar López no actuaba por convicción. Actuaba porque es exactamente lo que lleva años haciendo: ser el portavoz disciplinado de lo que le ordena Moncloa. Un hombre sin discurso propio, sin criterio propio y sin personalidad política fuera de Pedro Sánchez.
Y este es el personaje que pretenden colocar como futuro líder del PSOE en Madrid. Este señor. El mismo que ha salido hasta la saciedad defendiendo lo indefendible. El mismo que repetía en televisión que todo era mentira junto a Pilar Alegría, mientras atacaban a cualquiera que cuestionara la versión oficial. El mismo que lleva años ejerciendo más de comisario político que de dirigente con proyecto propio.
Porque el problema del sanchismo es ese: convierte la mentira en método político. Primero niegan. Luego desacreditan. Después insultan. Y finalmente, cuando todo explota, abandonan a los suyos.
Ya pasó con Ábalos. Pasó con Koldo. Pasó con Santos Cerdán.
Y pasará con cualquiera que Pedro Sánchez considere amortizado.
Ese es el verdadero patrón. Los utilizan mientras sirven. Los exponen mientras resisten. Y cuando el coste político aumenta, los dejan caer sin pestañear. Exactamente igual que ha ocurrido con todos los candidatos que Sánchez ha enviado a diferentes comunidades autónomas como carne de desgaste político.
Madrid no va a ser diferente.
Óscar López llega con el mismo sello de fábrica: obediencia absoluta, discurso prefabricado y dependencia total de Moncloa. No representa una alternativa madrileña. Representa simplemente una sucursal política del sanchismo.
Y lo más preocupante no es solo lo que diga. Lo más preocupante es que todavía crean que los ciudadanos son tan ingenuos como para seguir tragándose el “todo es un bulo” cada vez que aparece un nuevo escándalo.
Porque el problema ya no es la corrupción.
El problema es la naturalidad con la que algunos salen a mentir delante de millones de personas creyendo que nunca habrá consecuencias.
Miguel Ángel Arranz

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