Para esto quería el crucero, Pedro Sánchez
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Actualizado: hace 2 días

Hay políticos que aprovechan las crisis. Y luego está Pedro Sánchez, que directamente las necesita. Las busca. Las exprime. Las convierte en un escaparate internacional aunque aquí, en España, sigamos esperando respuestas para problemas mucho más cercanos y mucho más graves.
Porque resulta curioso ver la velocidad con la que Sánchez mueve ficha cuando aparece la posibilidad de una fotografía con repercusión global. Un crucero con un posible caso de hantavirus rumbo a Canarias, llamada urgente con la OMS, reunión inmediata con el director general… y toda la maquinaria mediática preparada para vendernos otra vez al “líder internacional”. Para esto sí hay tiempo. Para esto sí hay preocupación. Para esto sí hay agenda.
Y claro, uno empieza a entender muchas cosas. Aquella repentina “solidaridad” cuando apareció el barco en Mauritania no parecía precisamente humanitaria. A Sánchez le brillaron los ojos en cuanto vio la oportunidad. Una crisis sanitaria, un componente internacional, organismos mundiales, titulares fuera de España… exactamente el terreno en el que él se siente cómodo. Seguramente faltó poco para llamar a Marruecos y decir: “tranquilos, ya me quedo yo con el barco”. No por responsabilidad. No por humanidad. Por imagen.
Porque Pedro Sánchez no apunta nunca a lo pequeño. Nunca a lo doméstico. Nunca a lo que no le dé foco internacional. Ahí están los afectados por la DANA esperando durante meses respuestas reales. Ahí siguen muchas víctimas olvidadas por la política de escaparate. Ahí están también los afectados del accidente de Adamuz, que prácticamente han desaparecido del radar institucional y mediático porque ya no generan titulares útiles. No hay cámaras internacionales. No hay ONU. No hay OMS. No hay cumbres. Y, por tanto, no hay interés.
Ese es el verdadero problema de Pedro Sánchez: no gobierna pensando en solucionar conflictos, sino en cómo utilizarlos para reforzar su personaje internacional. España se ha convertido en un decorado secundario para alguien obsesionado con proyectarse fuera mientras dentro acumula incendios políticos, sociales y económicos.
Le incomodan los problemas que se quedan en casa porque esos no dan premios, ni portadas extranjeras, ni fotografías con dirigentes internacionales. Por eso corre hacia cualquier asunto que pueda elevarle el perfil exterior, aunque aquí la sensación cada vez sea más clara: Sánchez ya no gobierna España, la utiliza.
Y mientras tanto, los españoles contemplamos otra escena más del mismo guion. Mucha pose, mucha reunión, mucha escenografía institucional… y muy poca preocupación real por quienes llevan años esperando soluciones de verdad.
Miguel Angel Arranz

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