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Epidemia de políticos cerdos que no saben comportarse

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • 4 dic 2025
  • 2 Min. de lectura


Parece que hemos llegado al punto en el que la clase política española deberíamos dejar de llamarla “clase política” y empezar a llamarla por lo que sus propios escándalos describen: una colección de hombres adultos incapaces de comportarse como tales cuando una mujer está delante.


Porque ya no hablamos de casos aislados.

Ya no hablamos de un rumor por aquí o una denuncia por allá.

Esto ya parece una epidemia de comportamientos de cerdo, un desfile constante de hombres que, por tener un cargo público, creen que también tienen acceso automático al cuerpo, la atención o la paciencia de cualquier mujer que se cruce en su camino.


Y lo peor es que da igual la ideología.

Los últimos días lo han demostrado:

PSOE, Podemos, Sumar, PP… todos aportan su espécimen.

Unos con denuncias, otros con grabaciones, otros con testimonios públicos, otros con comportamientos tan ridículos que dan vergüenza ajena solo de leerlos.


¿Qué demonios les pasa a estos tipos? Hay algo profundamente patético en ver a hombres de 40, 50 y 60 años —con cargos, con asesores, con poder, con sueldos que paga todo el país— comportándose como adolescentes sobones, como si la política fuera un Tinder institucional y no un servicio público.


El problema no es solo lo que presuntamente hacen.

El problema es lo que creen que pueden hacer.


Porque en su cabeza funciona así:


“Soy político, me deben atención.”

“Soy político, puedo insinuarme.”

“Soy político, puedo presionar.”

“Soy político, puedo incomodar y no pasa nada.”


Ese es el verdadero cáncer: La sensación de impunidad hormonal, la convicción de que cualquier mujer que pase cerca debe aceptar su mirada, su comentario, su “broma”, su invitación, su mano donde no debe estar. Y cuando salen los casos, los partidos repiten la misma liturgia nauseabunda


Da igual quién sea: Ábalos, Errejón, Salazar, el diputado del PP o el siguiente que esté a punto de aparecer en portada.


El patrón ya está estudiado:


  1. Negar.

  2. Relativizar.

  3. Victimizarse.

  4. Señalar a la denunciante.

  5. Esperar que pase la tormenta.


Y cuando baja el ruido, vuelta al escaño, como si nada.


Es grotesco.

Es humillante.

Es medieval.


La política española se ha llenado de hombres que confunden el poder con el derecho a resultar aceptables, deseables o intocables



Y muchos no lo son. No lo han sido nunca. Simplemente el cargo les infló el ego hasta convertirlos en versiones caricaturescas de sí mismos.


No es casualidad que casi todos los escándalos sigan la misma fórmula:

Hombres con poder + mujeres subordinadas o vulnerables + ausencia total de límites.


Lo que sí es casualidad es que los partidos todavía pretendan fingir sorpresa, como si no supieran que llevan décadas fabricando monstruos a base de impunidad, silencio interno y alfombras gruesas para esconder basura. España no necesita más leyes. Necesita que estos tipos aprendan a comportarse como seres humanos


No como “líderes”,

no como “referentes”,

no como “compañeros de partido”…


Como adultos que respetan el NO, el límite, la distancia y la dignidad de una mujer. El día que eso ocurra, la política española dejará de ser el zoológico moral que es hoy. Mientras tanto, que nadie se engañe:

no tenemos un problema de escándalos, tenemos un problema de cerdos con poder.


Miguel Ángel Arranz

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