Pedro Sánchez está donde quería estar
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Pedro Sánchez ya ha conseguido exactamente lo que buscaba. No gobernar España con solvencia, no resolver los problemas reales del país, no afrontar las crisis internas que se acumulan. No. Su objetivo era otro: colocarse en el escenario internacional como una especie de pseudo oposición a Donald Trump. Y en eso, hay que reconocerlo, lo está logrando.
Porque a Pedro Sánchez le da exactamente igual lo que ocurra en Irán. Le da exactamente igual lo que suceda en la Franja de Gaza. El conflicto, la tragedia humana o las consecuencias geopolíticas son secundarias. Lo verdaderamente importante para él es utilizar ese escenario para construir un relato político personal. Un relato en el que él aparece como el dirigente europeo que se enfrenta al líder norteamericano.
Una especie de combate político que, curiosamente, le viene perfecto. Si uno repasa cualquier telediario de los últimos siete u ocho días —y digo cualquier telediario, porque al final todos los medios terminan entrando en el mismo juego— el panorama es bastante revelador. Solo se habla de tres cosas: la subida del carburante, la guerra con Irán y el supuesto choque político entre Pedro Sánchez y Donald Trump.
Trump dice algo de Pedro. Pedro responde a Trump. Trump vuelve a contestar. Y así, una secuencia interminable que ocupa titulares, tertulias y minutos de informativos. Mientras tanto, España desaparece.
Porque apenas se habla de los problemas estructurales del país. Apenas se habla de inflación, de vivienda, de presión fiscal o de deterioro institucional. Y lo más significativo: apenas se habla de que tenemos unas elecciones autonómicas a la vuelta de la esquina, las de Castilla y León.Silencio. Justo lo que convenía.
Y ahí está la jugada política de Sánchez. Convertir la agenda nacional en una prolongación del ruido internacional. Diluir la política doméstica dentro de un conflicto global donde él pueda aparecer como protagonista.
Pero el guion aún tiene otro giro. Ahora también se empieza a introducir en el relato la idea de que Sánchez puede convertirse en una especie de referente dentro de la Unión Europea frente al liderazgo actual de Bruselas. Un supuesto contrapeso político dentro del tablero europeo.
Es decir, el marco perfecto: enfrentado a Trump por un lado y proyectado como figura europea por otro. Todo el mundo contribuyendo, consciente o inconscientemente, a inflar ese personaje político.
Y así, entre guerras lejanas, titulares grandilocuentes y disputas internacionales cuidadosamente amplificadas, Pedro Sánchez ha conseguido exactamente lo que quería desde hace años: dejar de ser un presidente con problemas internos para convertirse en un supuesto referente internacional.
El problema es que mientras Pedro juega a la geopolítica, España sigue esperando que alguien gobierne.
Miguel Ángel Arranz





