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HOY NO TOCA

  • hace 1 día
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Hoy seguramente no veremos al equipo perfectamente sincronizado de ministros sanchistas salir en tromba a los micrófonos para recordar a las víctimas de ETA. Ni una palabra. Ni un gesto. Ni una frase solemne preparada por el gabinete de comunicación de turno. Hoy no toca.


Hoy tampoco veremos grandes titulares ni especiales televisivos interminables en el telediario de Radio Televisión Española. No habrá conexiones en directo, ni reportajes lacrimógenos, ni tertulias interminables hablando del dolor, de la memoria y de la justicia. No veremos las imágenes de los homenajes que, discretamente, se celebrarán en muchos puntos de España. Homenajes a quienes fueron asesinados por una banda terrorista que durante décadas sembró de sangre este país.


Hoy no toca.


Hoy toca enterrar el recuerdo de las víctimas de ETA. Hoy toca pasar página. Hoy toca mirar hacia otro lado. Porque recordar demasiado incomoda. Porque recordar demasiado estropea ciertos relatos políticos muy útiles para quienes gobiernan.


Curiosamente, hay capítulos de la historia de España para los que nunca se pide pasar página. El franquismo, por ejemplo. Décadas después, sigue siendo una herramienta política perfectamente lubricada. El intento de golpe de Estado de Tejero también. Eso jamás se archiva, jamás se guarda en el cajón del pasado. Eso se recuerda constantemente, se agita y se utiliza porque políticamente resulta rentable. Pero con ETA ocurre lo contrario.


Con ETA, lo conveniente es el silencio. Lo conveniente es el olvido progresivo. Lo conveniente es que las nuevas generaciones apenas sepan qué ocurrió realmente durante aquellos años en los que en España se asesinaba por pensar distinto, por llevar uniforme, por ser concejal, periodista, profesor o simplemente ciudadano.

Porque el problema de recordar a las víctimas de ETA es que inevitablemente aparece la pregunta incómoda: ¿Quiénes eran los que justificaban, aplaudían o callaban ante aquellos asesinatos?


Y ahí es donde empieza el verdadero problema político para algunos.

Hoy lo que se pretende es avanzar en el blanqueo de Bildu. Normalizarlo. Integrarlo en la política nacional como si nada hubiera ocurrido. Como si detrás de esas siglas no existiera una historia de silencio cómplice, de homenajes a terroristas y de justificaciones morales inaceptables.


Por eso hoy no veremos demasiadas flores ni demasiadas cámaras.

Porque cuando la memoria molesta, lo primero que se intenta hacer es reducirla. Después silenciarla. Y, con el tiempo, si es posible, borrarla. Que nadie descarte el último paso.

Si pudieran, también harían desaparecer de los libros de historia de España la etapa oscura del terrorismo de ETA. La convertirían en una nota a pie de página, en un capítulo breve, incómodo y rápidamente superado.


Pero hay algo que no depende de los gobiernos ni de los telediarios.

La memoria de las víctimas no se puede decretar desde un consejo de ministros. Y mucho menos se puede enterrar desde un informativo.


Miguel Ángel Arranz

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