España, el país donde quejarse de España da más fama que quererla
- Miguel Ángel Arranz Molins
- 12 oct 2025
- 2 Min. de lectura

España es un país tan surrealista que cuatro voceras que viven de insultar a su propio país tienen más éxito que millones de personas que simplemente lo respetan. Aquí, renegar de España es una profesión rentable. Te da minutos en televisión, aplausos en Twitter y hasta algún premio cultural. Ser español de bien, en cambio, no da likes.
Un día como hoy, en lugar de sentirnos orgullosos, hay quienes se dedican a poner pegas a todo: al himno, a la bandera, a la historia, al idioma y hasta al aire que respiramos si huele un poco a España. Porque lo suyo no es discrepar, es despreciar. Les molesta todo lo que suene a español, todo lo que se parezca a español y todo lo que recuerde a que viven —ironías de la vida— en España.
Y lo mejor es que su cultura favorita siempre es “cualquier otra”. No importa si no la entienden, si no saben dónde está en el mapa o si jamás han pisado el país que admiran. Lo importante es que no sea la suya. Su bandera, la de ellos, es la de negarlo todo. Su religión, la de odiarse un poco más cada día por haber nacido aquí.
Pero eso sí: cuando hay que pedir ayuda, cuando la cosa se tuerce, cuando hay que salir corriendo de una “flotilla solidaria” o de alguna aventura exótica, entonces recuerdan que España existe. Que el Estado español, ese al que escupen, siempre aparece para rescatarles, pagarles el billete o mandarles un buque. En esos momentos, España vuelve a ser útil.
Esa es nuestra grandeza y también nuestro ridículo. Un país que incluso protege y cuida a los que lo desprecian. Que soporta los insultos con la misma paciencia con la que su ejército rescata a los mismos que queman su bandera. Y mientras tanto, los millones que trabajan, que callan y que levantan el país cada día, son los verdaderos invisibles.
Así somos: el único país donde la patria molesta, donde la bandera incomoda y donde el patriotismo se considera una excentricidad. Pero no pasa nada. España siempre estará ahí, incluso para los que se empeñan en odiarla. Porque aunque ellos no lo entiendan, España no se discute: se defiende.
Miguel Ángel Arranz





