EXTREMODURO SÍ, HAKUNA NO
- Miguel Ángel Arranz Molins
- 24 dic 2025
- 2 Min. de lectura

Para la caverna progretonta de este país, Hakuna es una herramienta encubierta de la ultraderecha. Un artefacto siniestro para lobotomizar jóvenes, manipular conciencias y fabricar fachas en serie con sotana y guitarra. Eso dicen. Eso repiten. Eso titulan.
En cambio, Extremoduro, la banda “del Robe Iniesta”, era todo lo contrario: social, positiva, reivindicativa, profunda, revolucionaria, rebelde. Letras con contenido. Espíritu crítico. Cultura buena. Cultura autorizada. Cultura bendecida por el progresismo mediático.
La diferencia no es musical ni generacional. Es ideológica.
Si encajas en el marco mental de la izquierda, eres arte y conciencia social.
Si te sales, eres ultraderecha, peligro y manipulación.
Así funciona la progresía española: clasificación moral por afinidad política.
Ahora, tras el éxito evidente de Hakuna entre jóvenes, la maquinaria se activa. Hay que fabricar una cortina de humo. Hay que señalar. Hay que asustar. Hay que repetir la palabra “ultraderecha” hasta que pierda sentido. Todo coordinado desde la caverna mediática a las órdenes de Moncloa.
Creen que el problema es Hakuna. No lo es.
Creen que el problema es la Iglesia. No lo es.
El problema es que los jóvenes ya no les escuchan.
Por mucho que Pedro Sánchez haga vídeos en TikTok, posturee con filtros o finja cercanía digital, hace tiempo que los jóvenes les han dado la espalda. No por ignorancia. Por saturación. Por hartazgo. Por intuición.
No quieren sermones políticos camuflados de cultura.
No quieren consignas recicladas.
No quieren que les digan a quién temer y a quién votar.
Y cuando no obedecen, llega el insulto: fachas, manipulados, lobotomizados.
Di las cosas como son: Extremoduro fue tolerado porque no ponía en riesgo el relato. Hakuna molesta porque demuestra que hay vida, fe y comunidad fuera del monopolio ideológico de la izquierda. Y eso, para la progretontada, es imperdonable.
Miguel Ángel Arranz





