top of page

Les toman por analfabetos y se equivocan del todo.

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • 28 dic 2025
  • 2 Min. de lectura


Ahora resulta que Pilar Alegría ha descubierto la pólvora. Campaña pueblo a pueblo, puerta a puerta, como si acabara de inventar la política de proximidad. Y, cómo no, los politólogos modernitos entran en éxtasis: que si cercanía, que si territorio, que si escuchar a la gente. El argumentario de siempre, envuelto en celofán.


Digámoslo sin rodeos: este tipo de campaña no mueve un solo voto. Cero. No lo hizo hace veinte años y no lo hace ahora. Nadie cambia su papeleta porque una política se deje caer por su municipio, sonría mucho, estreche manos y se haga la foto de rigor. Eso no es compromiso, es teatro. Y del malo.


El mundo rural no está pidiendo visitas guiadas ni políticos en modo turista. Está pidiendo servicios básicos que se van perdiendo año tras año. Médicos que no lleguen una vez por semana, transporte que no sea un chiste, carreteras que no den vergüenza, precios dignos para el campo y oportunidades para que los jóvenes no tengan que largarse. Y nada de eso se arregla pisando barro delante de una cámara.


Estas giras no buscan soluciones, buscan relato. Buscan alimentar redes sociales, titulares complacientes y análisis huecos. Sirven para que el equipo de comunicación tenga material y para que los tertulianos debatan sobre la chaqueta, el peinado o si la candidata se tomó un café o un chocolate con churros. Política reducida a story de Instagram.


Es el sueño húmedo del politólogo menor de 30 años: campaña bonita, emocional, llena de anécdotas y fotos humanas. Mucho postureo y cero sustancia. Porque enfrentarse de verdad a los problemas del rural implica decisiones duras, recortes en otros sitios, prioridades claras y asumir costes políticos. Y eso ya no gusta tanto.


Pero hay algo que a muchos se les olvida: la gente del mundo rural no es tonta. Saben perfectamente cuándo alguien va a escuchar y cuándo va a usarles como decorado. Saben que aparecen en campaña y desaparecen en cuanto se cierran las urnas. Saben que no vuelven hasta la siguiente foto.


Por eso este tipo de campañas no funcionan. Porque el mundo rural no quiere políticos de paso, quiere responsables que se queden. Y porque ya han entendido que, cuando solo te buscan para generar contenido, lo único cercano es la cámara. Todo lo demás es cartón piedra.

bottom of page