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Lituania nos humilla: un país serio dimite, España se pudre en la impunidad

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • 6 ago 2025
  • 2 Min. de lectura

En Lituania, un primer ministro investigado por corrupción dimite y arrastra a todo su Gobierno.

En España, ni con agua hirviendo sacas del sillón a Pedro Sánchez y su corte. Aquí, el poder no es servicio público, es carnaza de reparto, clientelismo y propaganda.


Mientras los lituanos demuestran que la política es responsabilidad y ética, en España el sanchismo ha convertido la Moncloa en un búnker blindado por palmeros mediáticos. La lista de escándalos es interminable y crece como una metástasis:


  • Caso Begoña: negocios y contratos en la órbita familiar de la Primera Dama.

  • Caso Hermanísimo: el clan familiar salpicado por las redes clientelares.

  • Caso Ábalos / Koldo: mascarillas infladas, comisiones y el saqueo inmoral en plena pandemia.

  • Caso Armengol: mascarillas falsas en Baleares, encubrimientos y silencio cómplice.

  • Caso Cendán: otra ramificación del poder socialista en la red clientelar.

  • Caso Tito Berni: prostíbulos, comisiones y drogas mientras el ciudadano pagaba la fiesta.

  • Caso Delcy: la vergüenza nocturna en Barajas que sigue sin explicación.

  • Caso Plus Ultra: rescates a aerolíneas fantasma mientras miles de autónomos se hundían.

  • Caso EREs y Mediador: la corrupción sistémica que debería haber arrasado cualquier carrera política.



Y la lista sigue y sigue, como si la política española se hubiera convertido en un matadero moral.

Ni una dimisión. Ni un gesto de dignidad. Solo relato, propaganda y sillones pegados con Loctite.


Pero no toda la culpa es del sanchismo y sus socios.


  • El nacionalismo, que se alimenta de esta carroña política como carne podrida, aprovecha cada escándalo para seguir chantajeando al Estado.

  • Y nosotros, los españoles (algunos), también tenemos parte de culpa: hemos normalizado la corrupción, la hemos convertido en ruido de fondo en nuestra vida cotidiana, como si los sobres, los contratos a dedo y los prostíbulos pagados con nuestro dinero fueran parte natural del paisaje político.



Mientras aceptemos esta degradación como normal, mientras sigamos tragando el relato que fabrican desde Moncloa y sus altavoces mediáticos, España seguirá atrapada en un ciclo de podredumbre institucional del que no saldremos nunca.


Lituania demuestra que la dignidad política existe.

España demuestra que la vergüenza nacional hace tiempo que murió, y algunos hasta se han acostumbrado al hedor.


Miguel Ángel Arranz

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