Lo ha vuelto a hacer,y les está bien
- Miguel Ángel Arranz Molins
- hace 2 horas
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Lo han hecho. Pedro Sánchez ha conseguido exactamente lo que buscaba: sacar a España de España. Y lo más grave no es la maniobra —vieja, burda y previsible—, sino que Partido Popular y Vox hayan entrado como principiantes en el tablero que dicta Moncloa.
Hoy enciendes el telediario y parece que España no existe. Todo es Venezuela, Groenlandia, o las ocurrencias geopolíticas de Donald Trump. Aquí, silencio. Ni vivienda, ni inflación real, ni colapso institucional, ni corrupción, ni deterioro de servicios públicos. Desaparecidos.
No es casualidad. Es cálculo. Sánchez sabe que cuanto más lejos mire la prensa, menos preguntas incómodas tendrá que responder. Internacionalizar la agenda es esconder la basura bajo la alfombra… pero en otro continente. Nada nuevo, nada ingenioso.
Y ahora viene lo más revelador: no hace falta ni hablar de Aragón. Simplemente no existe. ¿Por qué? Porque en el PSOE ya la dan por perdidísima. Hay dictamen y hay consigna: no se habla de Aragón porque el fracaso va a ser estrepitoso. Silencio administrativo y mediático. Manual básico.
Pero lo verdaderamente escandaloso no es solo que el PSOE calle. Es que el PP, que tiene muchas papeletas de quedarse con la presidencia, tampoco habla de Aragón. No capitaliza, no aprieta, no convierte una debilidad del Gobierno en un eje político nacional. Vox, directamente, ni está ni se le espera.
Resultado: nadie habla de Aragón. Nadie gana. Sánchez respira.
Y así volvemos al inicio del ciclo: el sanchismo marca el marco mental y todos los demás se limitan a reaccionar dentro de él. Trump sí, Trump no. Delcy sí, Delcy no. Groenlandia sí, Groenlandia no. Pura distracción. Pura derrota estratégica.
A estas alturas conviene decirlo claro: el mérito de que Pedro Sánchez siga en la Moncloa no es suyo. El demérito es de la oposición. De una oposición incapaz de fijar agenda, de explotar sus ventajas, de hablar del país real y de sacar al Gobierno de su zona de confort. No hacen absolutamente nada para echarlo.
Y cuando el rival no juega, no gana el más listo. Gana el único que entiende de qué va la partida.
Miguel Ángel Arranz





