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Lo importante

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • 24 dic 2025
  • 2 Min. de lectura


Esta es una de esas noches que invitan a parar. A mirar alrededor. A darse cuenta de lo que de verdad importa.


Hay momentos en la vida en los que todo parece venirse abajo. Momentos en los que uno se pregunta, con miedo y cansancio, ¿y ahora qué hago yo? A mí me pasó hace tres años. Y cuando estás ahí, crees que no hay salida, que no hay fuerzas, que no hay respuestas.


Con el tiempo aprendes algo esencial: hay que confiar en uno mismo. Pero, sobre todo, hay que confiar en la gente que confía en ti. Creerles. Cuidarlos. No darles nunca por sentados. Porque son ellos los que sostienen cuando uno flaquea, los que no se van cuando el ruido se apaga.


Noches como esta no valen nada por lo material. Nada. No valen la casa, ni el coche, ni la mesa llena, ni el dinero en el banco. Todo eso es secundario. Lo único que tiene valor esta noche —y debería tenerlo todos los días— es la gente que te acompaña, la que ha estado, la que sigue estando y la que cree en ti incluso cuando tú dudas.


Deberíamos vivir agradecidos todo el año, pero es en noches como hoy cuando lo entiendes de verdad. Cuando te das cuenta de quién suma, quién permanece y quién no falla. Y ahí entra la familia, que nunca falla. Y entran esas personas que confiaron en ti y que siguen confiando, incluso sin pedir nada a cambio.


Si hay algo que entristece, es no tener siempre el tiempo ni la capacidad de devolver todo lo recibido. Pero quizá la mejor forma de hacerlo sea seguir adelante con honestidad, con lealtad y sin olvidar nunca quién estuvo cuando más falta hacía.


Esta noche va de eso. De agradecer. De cuidar. Y, por encima de todo, de creer en uno mismo. Porque cuando uno cree en sí mismo, todo lo demás acaba encontrando su sitio.


Feliz Nochebuena.

 
 
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