Los viejos estandartes progres: tan anacrónicos como los sindicatos que aún creen representar a alguien
- Miguel Ángel Arranz Molins
- 22 jul 2025
- 2 Min. de lectura

Pedro Almodóvar, Ana Belén, Joan Manuel Serrat y varios exministros han vuelto a dar señales de vida, esta vez firmando una carta en la que piden la continuidad del Gobierno y reclaman medidas contra la corrupción. El resultado es tan previsible como patético: las mismas caras de siempre, los mismos discursos de manual y el mismo afán por posar de rebeldes… mientras disfrutan de una vida de lujo gracias al sistema que supuestamente critican.
Hoy, estos personajes son tan anacrónicos como los sindicatos de siempre: estructuras caducas que viven de una imagen que dejó de tener sentido hace décadas. Siguen actuando como si su voz representara a la ciudadanía, cuando lo único que representan es a una élite cultural y política aburguesada que se beneficia del mismo poder que dicen cuestionar. Para ellos, cada comunicado de este tipo no es más que un viaje nostálgico a los tiempos de juventud rebelde, pero con la cartera mucho más llena y el confort de sus mansiones de fondo.

Lo curioso es que ya nadie necesita que confiesen con qué modelo de Gobierno viven bien: basta ver sus carreras, sus subvenciones y su silencio cómplice ante todo lo que no les conviene. Se autoproclaman guardianes de la ética, pero son parte de un engranaje que perpetúa privilegios y mantiene vivas estructuras tan rancias como los propios sindicatos que, como ellos, sobreviven más por inercia que por relevancia.
La realidad es clara: sus proclamas suenan huecas y desfasadas, como si repitieran un guion que ya nadie escucha. Para una sociedad cansada de viejas élites disfrazadas de rebeldes, estos comunicados no inspiran nada; son, simplemente, la prueba de que algunos aún creen que el país sigue orbitando a su alrededor, cuando hace tiempo quedaron relegados a la irrelevancia.
Miguel Ángel Arranz





