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Moral selectiva de la izquierda "caviar": se prohíbe una sombrilla con marca de cerveza, pero se permite el tabaco y las tragaperras

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • 7 ago 2025
  • 2 Min. de lectura

La ministra de Sanidad, Mónica García, ha anunciado una nueva medida estrella: prohibir las sombrillas, mesas y sillas con publicidad de cerveza en entornos infantiles. Otra dosis de ingeniería social con aroma a populismo moralista. Pero lo más preocupante no es la medida en sí, sino la descomunal hipocresía que la sustenta.


Porque mientras los bares se verán obligados a retirar la sombrilla que lleva el logo de Estrella Galicia o Cruzcampo, o la que toque , las máquinas de tabaco seguirán funcionando con total normalidad en sus interiores. Como si los menores que entran acompañando a sus padres no las vieran a diario, brillando como un tótem de la permisividad institucional.


Y no es todo: en esos mismos locales, las tragaperras siguen sonando, encendidas como reclamos visuales y auditivos. Y no, no están en una sala aparte ni en un casino. Están ahí, junto a la máquina de café, a dos metros de la mesa donde una familia merienda o cena con sus hijos. ¿Eso no incita? ¿Eso no afecta al entorno infantil?


Publicidad sí, pero solo si recauda



La izquierda de salón, esa que presume de “proteger a los más vulnerables”, sigue consintiendo estos elementos porque generan ingresos. Es el doble rasero de siempre: la publicidad es mala… excepto si llena la caja del Estado.


  • Las máquinas de tabaco son legales y siguen activas.

  • Las tragaperras, omnipresentes en bares y cafeterías.

  • Y el Comisionado para el Mercado de Tabacos, con más de 150.000 operadores y un elefantiásico organigrama, sigue vivo y coleando.


¿Motivo? Sencillo: los ingresos por impuestos del tabaco superan los 9.000 millones de euros anuales. Ese es el verdadero argumento, y no el supuesto bienestar infantil.


Contra la caña del bar, pero no contra la industria


Esta campaña contra las sombrillas o las mesas patrocinadas por cervezas no va contra la industria del alcohol. Va contra el bar de barrio, el kiosco, la terraza que lucha por sobrevivir entre impuestos, normativas y controles.


En cambio, nadie toca los contratos millonarios de publicidad en grandes eventos deportivos, ni se limita la venta de alcohol en festivales, ni se cuestiona que las grandes marcas financien campañas institucionales.


Porque en el fondo, esta izquierda que presume de ética pública tiene miedo de enfrentarse al dinero de verdad. Prefieren aplicar la censura estética al ciudadano corriente, mientras mantienen las estructuras del vicio institucionalizado si dejan suculentos beneficios fiscales.


Miguel Ángel Arranz

 
 
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