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“Primero yo, luego yo, y después… yo: el egoísmo nacionalista al servicio del poder”

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • 13 jun 2025
  • 2 Min. de lectura

“Primero yo, luego yo, y después… yo: el egoísmo nacionalista al servicio del poder”


En este teatrillo político que vivimos desde hace años, algunos actores no cambian el guion porque simplemente les funciona. Hablamos de PNV, Junts, Bildu y ERC, los partidos que no defienden a sus ciudadanos, sino a sus cuotas de poder, sus despachos y su agenda particular. Son exactamente lo mismo que el corrupto PSOE, porque lo único que les importa es sostener al que les mantiene en la poltrona.


No hay proyecto de país, no hay visión de futuro, no hay defensa de los derechos de los ciudadanos. Solo hay chantaje institucional. Han convertido sus votos en el Congreso en una subasta continua, vendiéndose al mejor postor… siempre que ese postor sea Pedro Sánchez y les permita seguir exprimiendo el Estado mientras vociferan contra él.


Y de Sumar, ni hablamos. No merece ni el espacio en este párrafo. Solo están ahí para conservar su escaño, su sueldo, su despacho y el coche oficial. La mayoría de sus miembros no tienen ni oficio ni beneficio fuera del Congreso. Por eso son capaces de tragarse cualquier contradicción, de votar lo que les digan, de fingir que son algo diferente mientras pactan con los de siempre. Matarían por no volver al mundo real, porque no tienen a dónde volver.


Esta es la verdad del nacionalismo político en España: primero yo, luego yo y por último… yo. Y no me refiero a los ciudadanos de Euskadi, Cataluña o Navarra. Me refiero a ellos, los que han hecho carrera política prometiendo libertad mientras se aseguran su servidumbre económica al Estado al que dicen odiar.


Y lo más doloroso es que volverá a pasar. Cuando cambie el ciclo —si es que cambia— y llegue un nuevo gobierno, ¿qué hará? Volverá a apoyarse en ellos. Volverán a tener la llave. Volverán los chantajes, las mesas de diálogo, las concesiones asimétricas. Y el ciudadano común, el español de a pie —viva en Salamanca o en Sabadell— volverá a ser el último eslabón, el que paga la factura del nacionalismo, del oportunismo y del egoísmo.


Porque esto no va de territorios. Va de ambición, de cobardía y de traición.


Miguel Ángel Arranz

 
 
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