¿Pueden dejar de ser todos unos mamarrachos y marrachas?
- hace 4 días
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Hay días en los que uno se pregunta si todavía queda alguien al volante de este país. Mientras la Comunidad de Madrid afronta una de las situaciones más graves que se recuerdan en materia de incendios forestales, nuestros dirigentes siguen atrapados en su deporte favorito: la confrontación política. En lugar de centrar todos sus esfuerzos en coordinar recursos, informar a la población, explicar las medidas de prevención o tranquilizar a quienes viven pendientes de la evolución del fuego, vuelven a hacer exactamente lo mismo de siempre: pelearse entre ellos. Parece que su única estrategia consiste en buscar un culpable, lanzar un titular y alimentar a quienes creen que la política consiste en propinar el golpe más fuerte al adversario. No gobiernan pensando en los ciudadanos, sino en el siguiente titular, en la siguiente encuesta y, sobre todo, en conservar el sillón.
Lo verdaderamente preocupante es que esta forma de actuar ya no sorprende a nadie. Lo vimos durante la pandemia, con la DANA, tras los accidentes de Ademuz y en tantas otras crisis donde quedó patente que, cuando llega el momento de gestionar de verdad, el cargo les viene enorme. Mientras bomberos, agentes forestales, fuerzas y cuerpos de seguridad arriesgan su vida para proteger a los ciudadanos, buena parte del debate público gira alrededor de quién obtiene mayor rédito político de la tragedia. Es la demostración de que demasiados responsables públicos han confundido gobernar con hacer campaña electoral de manera permanente.
Y, por si el espectáculo fuera insuficiente, parte del colectivo de bomberos forestales mantiene convocada una huelga en plena emergencia. Todo trabajador tiene derecho a defender sus reivindicaciones, pero resulta inevitable que muchos ciudadanos se pregunten si ese era el momento más oportuno para hacerlo. La sensación que queda es devastadora: mientras unos combaten el fuego, otros siguen enfrascados en disputas políticas o laborales que dejan en un segundo plano el interés general. Esa imagen transmite la impresión de un país donde cada uno defiende exclusivamente su parcela mientras el problema común continúa creciendo.
España necesita menos propaganda y muchos más gestores. Necesita responsables públicos capaces de dejar a un lado las siglas cuando la situación lo exige, de coordinar administraciones, escuchar a los técnicos y ofrecer información útil a la ciudadanía. Gobernar no es insultar al adversario ni convertir cada tragedia en una oportunidad para el desgaste político. Gobernar es resolver problemas. Y cuando una emergencia demuestra quién está preparado y quién no, la conclusión resulta demoledora: demasiados de los que nos gobiernan siguen comportándose como auténticos mamarrachos. Viendo el espectáculo que ofrecen unos y otros cada vez que España atraviesa una situación crítica, solo queda una reflexión posible: poco nos pasa.
Miguel Ángel Arranz

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