top of page

Ya no viene el lobo

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • 22 dic 2025
  • 2 Min. de lectura

Ya no funciona el cuento. Ya no asusta. Ya no moviliza. Eso de “que viene el lobo” ha muerto en Extremadura y, con ello, ha quedado al desnudo la pobreza política del sanchismo.


El batacazo del PSOE es real, pero para Pedro Sánchez y su entorno eso es casi anecdótico. Lo verdaderamente grave —según ellos— es que ha crecido Vox y que ha crecido el bloque de derechas. Ese es el nuevo espantajo. Ese es el nuevo “peligro”. El problema no es perder, el problema es que el adversario exista.


Y lo más obsceno del discurso es el contexto: Extremadura es la comunidad con menos extranjeros de España. Ese supuesto “caldo de cultivo” que tanto repiten desde los despachos de Madrid no cuadra con la realidad. La realidad nunca les ha importado demasiado.


Pero mientras se entretienen con el lobo imaginario, ignoran la noticia de verdad. La única noticia que debería hacer saltar todas las alarmas democráticas: el 40% de los extremeños se abstuvo.


Cuarenta por ciento.

No es apatía.

No es desinterés.

Es hartazgo.


Es gente que ni siquiera yendo a votar se siente representada. Gente que mira el menú político y decide no elegir porque todo sabe igual de mal. Porque no hay un solo partido que dé la sensación de preocuparse de verdad por los españoles, y en este caso, por los extremeños.


Aquí está el fracaso profundo. No el del PSOE. No el de Vox. El fracaso del sistema de partidos. Un sistema incapaz de ilusionar, de convencer, de ofrecer algo más que consignas, miedos prefabricados y peleas de trinchera.


La abstención no es neutral. Es una bofetada. Es un mensaje clarísimo: “no nos convencéis”. Y cuanto más se insiste en infantilizar al votante con cuentos de lobos, más gente decide levantarse de la mesa.


Extremadura no ha hablado solo con su voto.

Ha hablado, sobre todo, con su abstención.

Y esa abstención es atronadora.


Miguel Ángel Arranz

bottom of page