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2027: El año de las rebajas y de las ELECCIONES

  • 6 jun
  • 3 min de lectura


Hay una costumbre muy extendida en la política local: repetir una cifra tantas veces que acabe pareciendo una verdad absoluta. En Alcobendas llevamos meses escuchando lo mismo. Que si 30 medidas fiscales, que si 34 millones de ahorro, que si 1.000 euros por vivienda, que si la ciudad con menor presión fiscal de la Comunidad de Madrid. Una y otra vez. Una y otra vez. Una y otra vez.


El problema es que cuando uno se toma la molestia de leer la letra pequeña, descubre que la realidad es bastante menos espectacular que los titulares.


Porque las famosas 15 rebajas fiscales para 2027 no son rebajas generales que vayan a notar todos los vecinos de Alcobendas en sus bolsillos. Muchas de ellas afectan únicamente a colectivos concretos, a situaciones específicas o a supuestos muy determinados. Algunas benefician a determinados comercios según su tamaño. Otras a quienes se adhieran a determinados programas. Otras a quienes domicilien recibos. Otras a familias que cumplan requisitos concretos.


Y eso está muy bien. No hay nada malo en establecer bonificaciones selectivas. Lo que resulta cuestionable es venderlas como si todos los vecinos fueran a experimentar una revolución fiscal.


La realidad es mucho más sencilla: la inmensa mayoría de los ciudadanos seguirá pagando prácticamente lo mismo en la mayoría de sus obligaciones municipales. Pero además existe una cuestión todavía más importante. Estas medidas ni siquiera están aprobadas.


Lo que aparece anunciado es un proyecto de ordenanzas fiscales para 2027. Un proyecto. Una propuesta. Algo que todavía deberá pasar por los procedimientos correspondientes y obtener los apoyos necesarios para salir adelante.


Sin embargo, el mensaje que recibe el vecino es completamente distinto. El titular transmite la sensación de que las rebajas ya son una realidad consolidada, cuando lo único cierto es que son medidas anunciadas por el Gobierno municipal que aún deben superar su correspondiente tramitación. Y aquí es donde aparece el verdadero problema político. La obsesión por la propaganda.


Cada pocas semanas aparece una nueva campaña institucional anunciando rebajas históricas, ahorros récord, cifras millonarias o beneficios extraordinarios para los vecinos. Siempre con los mismos números. Siempre con los mismos mensajes. Siempre con los mismos titulares grandilocuentes.


Como si repetir una cifra cien veces la convirtiera automáticamente en una realidad palpable para los ciudadanos.

Y hay una pregunta que nadie parece querer responder.


Si estas medidas son tan positivas, tan necesarias y tan beneficiosas para los vecinos, ¿por qué no se aplicaron en 2023, cuando comenzó la legislatura? ¿Por qué no se impulsaron en 2024? ¿Por qué no se aceleraron en 2025? ¿Por qué muchas de ellas aparecen precisamente ahora, cuando se acerca el año electoral?


Porque los vecinos no son ingenuos. Saben perfectamente cómo funciona la política. Durante tres años se gestiona. En el cuarto se inaugura. En el cuarto se anuncia. En el cuarto se multiplica la propaganda institucional. Y en el cuarto aparecen los grandes titulares.


Resulta difícil no pensar que detrás de esta avalancha de anuncios fiscales exista también una evidente estrategia electoral. Una forma de construir un relato de gestión a pocos meses de que los ciudadanos vuelvan a pasar por las urnas.


Si el Gobierno municipal estaba convencido de que estas medidas eran imprescindibles para aliviar la carga fiscal de los vecinos, podría haberlas puesto encima de la mesa desde el inicio de la legislatura. Habría tenido cuatro años completos para demostrar sus efectos y para que los ciudadanos comprobasen directamente sus beneficios.


Sin embargo, muchas de estas iniciativas se presentan ahora, en vísperas del ciclo electoral, acompañadas de titulares espectaculares, cifras millonarias y mensajes cuidadosamente diseñados para trasladar una imagen de gran rebaja fiscal. Y eso obliga a plantear una duda razonable: ¿estamos ante una política fiscal pensada para mejorar la vida de los vecinos o ante una campaña de comunicación pensada para mejorar las expectativas electorales del gobierno?


Porque una cosa es gobernar y otra muy distinta empezar a hacer campaña utilizando los recursos institucionales para construir un relato electoral.


Los vecinos de Alcobendas merecen menos marketing político y más hechos. Merecen saber cuántos vecinos se beneficiarán realmente de cada bonificación. Merecen conocer cuánto dinero se ahorrará de verdad una familia media. Merecen saber cuántas de estas medidas terminarán aprobándose y cuántas se quedarán simplemente en un titular.


Porque la buena política no consiste en repetir constantemente que se bajan los impuestos. Consiste en que los vecinos lo noten de verdad en su bolsillo. Y cuando una administración necesita repetir una y otra vez los mismos eslóganes, las mismas cifras y los mismos mensajes, quizá no esté intentando informar. Quizá esté intentando convencer. Y son cosas muy distintas.


Miguel Ángel Arranz

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