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"LA FAMIGLIA" Sánchez Acera sigue ampliando la mesa

  • 3 ago
  • 3 min de lectura


En política hay decisiones que pueden ser discutibles y otras que, simplemente, alimentan la sospecha. La última polémica llega tras el nombramiento del marido de Pilar Sánchez Acera al frente del Tesoro Público, una decisión que ha provocado el rechazo de la Federación Española de Asociaciones de los Cuerpos Superiores de la Administración Civil del Estado (FEDECA), que estudia emprender acciones legales por entender que el procedimiento merece ser revisado. No es un episodio aislado. Es un capítulo más de una forma de entender el poder que empieza a convertirse en un patrón.


Seguimos, una vez más, con la Famiglia Sánchez Acera. Primero fueron unos, después otros y ahora el círculo continúa ampliándose. Mientras el PSOE ya considera resuelta una de sus grandes operaciones políticas con la designación de Óscar López como candidato para enfrentarse a Isabel Díaz Ayuso en la Comunidad de Madrid, da la sensación de que el siguiente paso consiste en seguir colocando piezas alrededor del tablero. La pieza principal ya está asegurada. Ahora toca reforzar el entorno.


Porque esa es precisamente la sensación que transmite el sanchismo desde hace años. En el PSOE no parece que se ascienda únicamente por capacidad, por experiencia o por talento. La impresión que reciben muchos ciudadanos es que se asciende por pertenecer al círculo adecuado, por formar parte del entorno correcto o por devolver y recibir favores políticos. Ese modelo no nace ahora. Es exactamente el mismo esquema que llevamos años viendo alrededor de Pedro Sánchez: un núcleo reducido de personas que concentra cada vez más poder mientras los nombramientos recaen reiteradamente sobre perfiles estrechamente vinculados al aparato.


Y cuanto más se repite ese modelo, más preguntas aparecen. Algún día quizá sepamos por qué determinadas personas siempre terminan ocupando posiciones estratégicas. Algún día conoceremos qué explica que ciertos apellidos aparezcan una y otra vez alrededor de los principales centros de decisión. Porque la política debería servir para seleccionar a los mejores, no para construir redes de afinidad permanente. Cuando siempre aparecen los mismos nombres, los mismos vínculos y los mismos entornos familiares, la confianza de los ciudadanos empieza a deteriorarse.


En Alcobendas conviene no perder de vista todo esto. Hay quien piensa que la etapa de Rafael Sánchez Acera terminó cuando abandonó la política municipal. Yo creo exactamente lo contrario. Las personas cambian de despacho, pero las estructuras permanecen. Muchos de quienes hoy siguen ocupando responsabilidades dentro del PSOE de Alcobendas crecieron políticamente bajo su dirección. Son su continuidad política, su herencia y, en muchos casos, quienes mantienen vivo el mismo modelo de poder.


Por eso llevo tiempo hablando de la Famiglia Sánchez Acera. Porque la política deja de parecer una organización abierta cuando todo gira alrededor del mismo ecosistema. Hoy es un nombramiento, mañana otro y pasado otro más. Siempre alrededor del mismo círculo. Y eso alimenta una percepción muy peligrosa para cualquier democracia: que el poder deja de pertenecer a las instituciones para convertirse en patrimonio de un grupo.


Las próximas elecciones municipales pueden deparar muchas sorpresas. Y algunos harían bien en no dar por sentado que todo está escrito. Porque cuando durante años se construyen estructuras tan cerradas, el mayor riesgo no suele venir del adversario político. Suele llegar cuando empiezan a conocerse demasiadas cosas sobre cómo se ejerció el poder. Puede que la Famiglia Sánchez Acera todavía no haya escrito su último capítulo. Y quizá, cuando llegue el momento, más de uno descubra que aquello que parecía una fortaleza era, en realidad, un castillo de naipes.


Miguel Ángel Arranz

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