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30, ERAN 30 Esto es el socialismo. Yo lo critico, pero hago lo mismo.

14 oct
2 min de lectura


En España hemos alcanzado tal nivel de surrealismo político que cualquier día el Gobierno anunciará una campaña contra el consumo de carne desde la puerta de un asador, con un chuletón en la mano. Y todavía habrá quien aplauda la coherencia.


Llevamos meses escuchando que la vivienda es un derecho, que no puede ser un negocio y que los grandes tenedores son poco menos que los culpables de todos nuestros males. Hasta que aparece la cifra mágica: treinta. ¡Treinta pisos!


Según las informaciones publicadas, el negocio inmobiliario de la pareja de Montse Mínguez, portavoz de la Ejecutiva Federal del PSOE, gestiona una treintena de viviendas en alquiler. No son treinta pisos de ella, pero la paradoja política se sirve sola: mientras el partido señala el negocio del alquiler, ese negocio está presente en el entorno familiar de una de sus portavoces.


La doctrina parece sencilla: si tienes un piso, eres propietario; si tienes diez, eres un especulador; y si los treinta están cerca del entorno socialista, seguramente hablamos de una extraordinaria sensibilidad hacia el mercado inmobiliario.


Porque, naturalmente, no es lo mismo cobrar un alquiler desde la derecha que hacerlo desde la izquierda. La transferencia llega al mismo banco, el inquilino paga igual y el dinero vale lo mismo. Pero un alquiler de derechas es capitalismo salvaje; uno socialista debe de ser redistribución de la riqueza, aunque termine siempre en la misma cuenta.


Imagino una reunión del partido: unos exigiendo acabar con la especulación, otros reclamando intervenir el mercado y alguno mirando discretamente si ya han ingresado los alquileres del mes. Una cosa es combatir el negocio de la vivienda y otra, por lo visto, incomodar al negocio propio o familiar. Tampoco llevemos la revolución demasiado lejos.


Y mientras tanto, miles de jóvenes no pueden emanciparse y muchas familias destinan medio sueldo al alquiler. El problema no es poseer viviendas ni alquilarlas legalmente. El problema es convertir en villano al que hace aquello que uno tolera sin problemas cuando sucede cerca de casa.


El socialismo español parece haber encontrado la fórmula perfecta: que nadie haga negocio con la vivienda, salvo que el negocio quede suficientemente cerca de los nuestros. Porque eran treinta. Treinta. Y si esta historia salpicara al adversario, ya estaríamos oyendo hablar de fondos buitre.


Pero tranquilos: si el alquiler tiene buena compañía ideológica, no es especulación. Es vivienda con conciencia social.


Miguel Ángel Arranz

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