SÁNCHEZ Y BRONCANO: LA ENTREVISTA ENTRE UN ROBOT Y UN CÓMICO. ASÍ SALIÓ.

Lo de Pedro Sánchez y David Broncano en La Revuelta fue, a mi juicio, una puesta en escena. Un cómico empeñado en hacer de entrevistador político y un presidente empeñado en parecer cercano y espontáneo. El resultado: una entrevista tan calculada en su imagen como floja en su profundidad.
Broncano es humorista. Y su humor, que a mí me resulta cansino, repetitivo y bastante deplorable, tiene evidentemente su público. Pero entrevistar a un presidente no consiste en alternar ocurrencias con preguntas políticas. Consiste también en repreguntar, insistir y no dejar que el invitado se refugie en respuestas cómodas. Ayer preguntó por cuestiones importantes, sí; otra cosa es cuánto consiguió profundizar.
Y enfrente estaba Sánchez, intentando transmitir humanidad a golpe de sonrisa, complicidad y conversación informal. A mí me cuesta comprar ese personaje. La imagen que proyecta habitualmente es la de un dirigente frío, metódico y pendiente de cada movimiento político. No basta con cambiar el plató para cambiar esa percepción.
Que un presidente vaya a un programa de entretenimiento no tiene nada de malo. Lo cuestionable es confundir esa visita con un verdadero ejercicio de rendición de cuentas. Más aún cuando estamos en plena precampaña y cada gesto tiene una evidente utilidad comunicativa.
Así que allí estaban los dos: el cómico jugando a periodista y el político jugando a ciudadano corriente. Uno intentando parecer incisivo sin renunciar a la broma; el otro intentando parecer natural sin abandonar el guion.
No vi una gran entrevista. Vi un escaparate. Y cuando se apagan los focos, las preguntas importantes siguen esperando respuestas. Porque una cosa es hacer televisión y otra, bastante distinta, dar explicaciones a los españoles.
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