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¿ A qué está jugando Pedro Sánchez ?

  • 3 mar
  • 2 Min. de lectura


España ha decidido cerrar las bases de Morón y Rota a los aviones estadounidenses en plena escalada internacional. No es un gesto técnico. No es un matiz diplomático. Es una posición política de enorme calado. Y la pregunta es directa: ¿qué está jugando exactamente nuestro país?


Cuando las principales potencias europeas —Francia, Reino Unido y Alemania— mantienen una coordinación estratégica con Estados Unidos, España opta por desmarcarse. Siempre distintos. Siempre dando la nota. Siempre convencidos de que tenemos una superioridad moral que el resto no alcanza a comprender.


Pero en política exterior no se vive de gestos simbólicos. Se vive de alianzas, de intereses y de credibilidad. Y romper una coordinación en un momento de tensión internacional no es gratis.


¿De verdad alguien cree que esta decisión no tiene consecuencias? ¿Qué mensaje estamos enviando? Porque el mensaje que se percibe fuera es claro: España se distancia de su principal socio estratégico en un momento crítico. Y lo hace en un escenario donde el régimen iraní no es precisamente un ejemplo de democracia, ni de derechos humanos, ni de libertades básicas.


Irán no es una ONG. Es un régimen autoritario, represivo, homófobo y brutal con la disidencia interna. Y cuando uno se aparta del bloque occidental en un contexto así, inevitablemente genera una lectura política. Aunque se intente disfrazar de neutralidad.


Aquí no se trata de aplaudir guerras ni de celebrar conflictos. Se trata de entender en qué tablero estamos. Y España pertenece al bloque occidental, forma parte de la Unión Europea y depende estratégicamente de Estados Unidos en múltiples ámbitos, desde defensa hasta inteligencia.


¿Dónde nos coloca este movimiento? ¿Qué ganamos impidiendo el uso de bases que existen precisamente para la cooperación militar bilateral? ¿Más prestigio? No. ¿Más seguridad? Tampoco. Lo que ganamos es incertidumbre y la imagen de país imprevisible.


Y lo más preocupante: la sensación de que algunos siguen jugando a la política exterior como si fuera política doméstica, como si fuera un gesto ideológico más para consumo interno. Pero esto no es un debate de tertulia. Esto es geoestrategia.


Cuando los socios principales se alinean por algo será. No por romanticismo, sino por cálculo. Y España, en lugar de reforzar su posición dentro del bloque europeo, parece optar por la pose diferenciadora. Otra vez.


La política internacional no es el lugar para exhibiciones ideológicas. Es el lugar para proteger intereses nacionales. Y hoy la pregunta es incómoda pero necesaria: ¿estamos defendiendo los intereses de España o estamos satisfaciendo una pulsión política de corto recorrido?


Porque si el objetivo es quedar bien ante determinados sectores internos, el precio exterior puede ser mucho más alto de lo que algunos imaginan. Y cuando ese precio llegue, ya no habrá titulares épicos que lo maquillen.


En política exterior, jugar a ser el diferente puede salir caro. Y España no está en posición de permitirse frivolidades estratégicas.


Miguel Ángel Arranz

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