Adamuz: cuando la tragedia aún humea y la propaganda ya trabaja
- 19 ene
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Actualizado: 20 ene

Sobre el accidente de Adamuz hay que decir lo único decente que puede decirse ahora: queda mucho por saber y lo primero es estar con las víctimas. Punto. Todo lo demás, hoy, es ruido. Y sin embargo, ni 24 horas han hecho falta para que la maquinaria de Pedro Sánchez se ponga en marcha como una trituradora de basura moral.
Con una falta absoluta de respeto, de ética profesional y de humanidad, los progretontos —militantes de consigna, opinadores de plantilla y cuentas falsas— se han lanzado a redes sociales a dictar sentencia: esto es un sabotaje. Y, cómo no, alentado por la ultraderecha. No hay investigación, no hay datos, no hay informe técnico. Da igual. La consigna corre más rápido que los hechos.
Es alucinante comprobar hasta qué punto Moncloa es capaz de coordinar tanta basura al mismo tiempo. Altavoces mediáticos, esbirros políticos y granjas de bots empujando el mismo relato: crear un enemigo externo, elevar el tono, crispar el ambiente… y así salvar el cuello a Óscar Puente y al propio Sánchez antes incluso de que se sepa qué ha pasado.
No es análisis. No es información. Es allanamiento del terreno. Preparar a la opinión pública para que, cuando lleguen los datos —si llegan—, ya esté decidido el culpable conveniente. La tragedia como coartada. El dolor como herramienta política. Eso sí que es indecente.
Aquí no hay ultraderecha, ni sabotaje probado, ni clima previo que explique nada. Lo único probado, a estas horas, es la miseria moral de quienes usan un accidente para fabricar un relato defensivo. Y lo peor no es que lo hagan: es que lo hagan siempre igual, con la misma desfachatez y la misma impunidad.
Hoy tocaba silencio, rigor y respeto. Han elegido propaganda, señalamiento y manipulación. Que luego no se pregunten por qué la gente desconfía. La respuesta la tienen delante: porque convierten cada tragedia en un panfleto.
Miguel Ángel Arranz





