Así es el feminismo caviar y de salón del PSOE
- 14 may
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Voy a empezar dejando algo claro, porque no se trata de defender lo indefendible: la rueda de prensa de Florentino Pérez fue comunicativamente nefasta. El tono fue malo, el mensaje peor y algunas expresiones hacia periodistas mujeres estuvieron completamente fuera de lugar. Punto. No hay ningún problema en decirlo.
Ahora bien, lo verdaderamente interesante llega después. Porque en cuestión de minutos salió todo el feminismo oficialista del PSOE y de la izquierda institucional a rasgarse las vestiduras. La ministra de Igualdad, Ana Redondo, habló de “machismo anacrónico”, “casposo” y pidió a los jóvenes que no tomen ejemplo de esas actitudes. Perfecto. Estupendo. Magnífico.
La pregunta entonces es muy sencilla: ¿dónde estaba toda esa indignación cuando aparecían las informaciones sobre las correrías de José Luis Ábalos? ¿Dónde estaba el feminismo de moqueta, el feminismo institucional y el feminismo subvencionado cuando se conocían audios, comportamientos y relatos que describían vejaciones, utilización de mujeres y un entorno absolutamente degradante alrededor de quien fue nada menos que ministro del Gobierno y número dos del PSOE?
Porque claro, si la ministra considera que los jóvenes no deben tomar como ejemplo determinadas actitudes, imagino que también recomendará a esos jóvenes no seguir el modelo político y moral de quienes han ocupado las más altas responsabilidades del Partido Socialista. O quizá ahí ya no interesa tanto.
Y ese es el verdadero problema del feminismo oficial del PSOE: la doble vara de medir. La hipocresía permanente. La superioridad moral selectiva. Cuando el señalado es un empresario, un presidente de club o alguien ajeno a su espacio político, entonces aparecen inmediatamente los comunicados, las lecciones éticas, las campañas y los discursos grandilocuentes sobre el “machismo estructural”. Pero cuando el protagonista es uno de los suyos, entonces llegan el silencio, los matices, el “hay que esperar”, el “no conocemos los hechos” o directamente el mirar hacia otro lado.
Eso no es feminismo. Eso es utilización política del feminismo. El feminismo de salón y de canapé. El feminismo caviar. El que vive muy cómodo señalando enemigos externos mientras protege a los propios aunque huelan políticamente a cadáver desde hace meses.
Porque aquí ya no hablamos de una frase desafortunada en una rueda de prensa. Aquí hablamos de comportamientos presuntamente miserables protagonizados por dirigentes que han ocupado ministerios, consejos de ministros y despachos oficiales.
Y lo más llamativo es que muchas de las que hoy hablan de “machismo casposo” llevan años callando ante auténticas cloacas morales dentro de su propio espacio político. El problema de la izquierda oficial es que ha convertido el feminismo en una herramienta propagandística. No en un principio. No en una convicción. En una herramienta. Y cuando el machismo aparece dentro de casa, entonces bajan el volumen, esconden el megáfono y esperan a que pase el temporal mediático.
Por eso cada vez más mujeres —y también muchos hombres— ya no compran este discurso. Porque detectan perfectamente cuándo hay convicción y cuándo hay puro postureo ideológico. Y porque al final la gente no es idiota. La gente entiende que no se puede dar lecciones morales cada mañana mientras se tapa la basura propia cada tarde.
Miguel Ángel Arranz

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