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CAMBIAR A SÁNCHEZ NO BASTA

6 oct
3 min de lectura


Pedro Sánchez ha anunciado elecciones para el 29 de noviembre. Su intervención ya presenta la votación como una elección entre continuar con él o abrir la puerta a una derecha amenazante. Otra vez el miedo como argumento. Yo prefiero otra pregunta: ¿qué ha mejorado realmente en la vida de los españoles?

Después de ocho años en el poder, Sánchez tiene que responder por su gestión. No puede convertir cada campaña en una solicitud de prórroga para resolver lo que sigue pendiente.


La vivienda es el ejemplo más obsceno: quien ha tenido años para actuar vuelve a pedir confianza porque todavía queda mucho por hacer.

Negar cualquier mejora sería regalarle una réplica fácil. Pero los datos tampoco justifican la euforia: el INE situó en el 25,7 % la población en riesgo de pobreza o exclusión social en 2025, apenas una décima menos que en 2024. Más de una cuarta parte del país. A mí eso me parece un motivo para rendir cuentas, no para sacar pecho.


Hay familias para las que la prosperidad del discurso oficial sigue siendo algo que les cuentan por televisión. Administrar su precariedad mientras se celebra el éxito del Gobierno es una indecencia política.

Ahora bien, ese balance tampoco convierte al Partido Popular en merecedor automático de La Moncloa. Durante demasiado tiempo ha parecido instalado en el papel de los eternos cabreados, pendiente del siguiente movimiento de Sánchez para salir a denunciarlo.

El PP tiene propuestas, también en vivienda: plantea facilitar la construcción de un millón de casas y aplicar rebajas fiscales. Que explique cómo las ejecutará, cuánto costarán y en qué plazos darán resultados. Una promesa de oposición necesita pruebas de viabilidad. Y quien gobierna comunidades y ayuntamientos también puede enseñar lo que ha conseguido.


Estar indignado con Sánchez no acredita capacidad para gobernar mejor. Tampoco basta con esperar a que el desgaste del adversario haga el trabajo.


Esta campaña tendrá, además, una prueba en los municipios. Habrá que observar a los candidatos socialistas recién designados cuando deban defenderla ante sus vecinos. Ahí veremos cuánto pesan sus compromisos locales y cuánto pesa la obediencia al líder.


Porque, a mi juicio, lo que empieza es una campaña de Pedro Sánchez, con el PSOE puesto a su servicio. Los candidatos tendrán que decidir si hablan de los problemas de su municipio o si dedican sus intervenciones a justificar cada decisión de Moncloa. Su reacción dirá mucho sobre la autonomía que ofrecen a los vecinos.


Quien aspira a representar a una ciudad debe poder discrepar cuando una decisión perjudica a sus ciudadanos. Si todo se supedita a salvar al presidente, la candidatura local se convierte en una sucursal de su campaña.


Al PP habrá que exigirle lo mismo cuando termine de definir sus candidaturas. Gestionar un municipio también obliga a responder por la vivienda, los servicios y los impuestos. Tener unas siglas enfrente no sirve de excusa para todo.


Quizá haya llegado el momento de plantarse ante esta alternancia que promete regeneración y termina acomodándose a los mismos hábitos de poder. Cambiar de partido sirve de poco si permanece intacta la manera de repartirse las instituciones, eludir responsabilidades y pedir adhesión incondicional.


España necesita comparar trabajo demostrado y proyectos que puedan cumplirse. Nadie debería recibir un cheque en blanco por asustarnos con el contrario. Sánchez debe defender su balance. El PP debe demostrar que ofrece algo más que el relevo.


El Gobierno no es un premio para quien mejor moviliza el miedo o el cabreo. Es una responsabilidad que hay que ganarse. Y a los españoles nos corresponde dejar de regalarla.


Miguel Ángel Arranz

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