Carlos Cuerpo y la fantasía de la izquierda caviar
- 8 abr
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La izquierda caviar de este país necesita siempre una ilusión nueva. Un rostro limpio. Un nombre que suene bien en tertulias y que aguante dos titulares sin mancharse. Y ahora han decidido que ese nombre es Carlos Cuerpo. O, mejor dicho, Charles Body, que suena más fino, más exportable, más de cóctel institucional en Bruselas. Pero no.
Si de verdad creen que Carlos Cuerpo —perdón, Charles Body— es el relevo natural de Pedro Sánchez, es que no han entendido nada de cómo funciona su propio sistema. Aquí no asciende el mejor, asciende el que encaja. El que no molesta. El que sabe a quién debe cada paso. Y en eso, Cuerpo cumple el expediente. Ni más ni menos. Porque lo que se está intentando vender como renovación no es más que continuidad maquillada. La izquierda caviar, en su obsesión por parecer moderna, ha decidido que cambiando el envoltorio cambia el contenido. Que basta con sustituir a los Ábalos, a los Cerdán o a los viejos nombres incómodos por perfiles más “presentables” para que todo parezca distinto. Pero no lo es.
Sigue siendo el mismo ecosistema de afinidades, de relaciones personales convertidas en cargos, de decisiones que no pasan por el mérito sino por la cercanía. Solo que ahora, en lugar de ruido, hay estética. En lugar de crudeza, hay relato. Y en lugar de Carlos Cuerpo… tenemos a Charles Body, que queda mucho mejor en LinkedIn. El problema es que este tipo de perfiles no están diseñados para liderar nada. Están diseñados para flotar. Para mantenerse mientras el viento sopla a favor. Y, sobre todo, para saber cuándo saltar del barco.
Porque nadie en su sano juicio dentro de ese entorno se va a quedar a aguantar el derrumbe cuando empiece de verdad. Y cuando eso ocurra —que ocurrirá— no habrá relevo, ni transición ordenada, ni continuidad política. Habrá puertas giratorias, destinos internacionales y biografías reescritas en tiempo récord. Charles Body no está ahí para construir nada. Está ahí para posicionarse. Para hacer méritos. Para tener salida.
Y la izquierda caviar lo sabe, aunque no lo diga.
Por eso este supuesto relevo no es más que un espejismo. Una fantasía cómoda para quienes necesitan creer que pueden reinventarse sin cambiar de verdad. Que basta con pulir la superficie para ocultar lo que hay debajo.
Pero debajo sigue estando lo mismo. Así que no, no hay relevo.Hay casting. Y, como siempre, el guion ya está escrito.
Miguel Ángel Arranz

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