Charo vs Señoro
- 6 dic 2025
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Parece que el Gobierno ha encontrado por fin el origen de todos los males del país: la palabra “Charo”. Sí, señor. Ya puedes dormir tranquilo. El paro, la vivienda, la inseguridad… todo eso era secundario. El verdadero monstruo estaba en Twitter, escondido entre memes y comentarios de madrugada.
Así que se pone en marcha la operación “Salvar a la Nación del Apodo Maligno”. Informes, reuniones, expertas analizando el término como si fuera plutonio. Que nadie vuelva a pronunciar “Charo”, no vaya a colapsar la democracia.
Mientras tanto, en la otra esquina del ring, la palabra “señoro” vive su mejor momento. Es la estrella del feminismo de izquierdas. Una maravilla lingüística que sirve para describir desde un machista recalcitrante hasta el pobre hombre que simplemente te pregunta la hora. Todo suma.
Y lo mejor es la lógica:
– “Charo” ofende, destruye, oprime.
– “Señoro” ilumina, empodera, sana.
Es como si el diccionario se hubiera apuntado a un curso de yoga: unas palabras te alinean los chakras y otras te desestabilizan el karma feminista.
Lo gracioso es que los mismos que quieren borrar “Charo” del planeta defienden con entusiasmo “señoro”. Dicen que es “crítica social”, “humor necesario”. Vamos, que insultar está mal… salvo cuando insultas tú. Entonces es herramienta pedagógica.
Pero bueno, tampoco nos pongamos dramáticos. Al final esto no va de igualdad, ni de respeto, ni de nada serio. Va de lo de siempre: del placer de decirle a los demás qué palabras pueden usar. Un deporte nacional.
Y mientras seguimos pendientes de si hoy toca prohibir “Charo”, bendecir “señoro”, o regular “cuñado”, los problemas reales se ríen desde la grada. Porque ellos sí que están tranquilos: saben que nadie piensa ir a por ellos. Total, es más fácil corregir vocabulario que arreglar un país.
Así que nada, que siga la fiesta. Un día prohibimos “Charo”, al siguiente aplaudimos “señoro”, y pasado mañana creamos una comisión para decidir si “tipejo” es aceptable o necesita revisionado de género. Eso sí: el lenguaje va a quedar finísimo.
Y la realidad… bueno, esa ya si eso la arreglamos otro día.
Miguel Ángel Arranz





