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Cuando el pueblo piensa solo, la izquierda insulta

  • 23 dic 2025
  • 2 Min. de lectura


Lo verdaderamente repugnante de estos días no es el resultado electoral en Extremadura. Lo repugnante es cómo la izquierda progre-tonta ha reaccionado al comprobar que una región entera ha decidido pensar por sí misma. Insultos, burlas, desprecio. Paletos, analfabetos, atrasados. El argumentario de siempre cuando el pueblo no vota lo que toca.


Aclaremos algo, porque aquí se manipula con mala fe: no han sido treinta años de retraso. Han sido treinta años de aislamiento. Treinta años en los que Extremadura fue mantenida desconectada del resto de España, fuera del mapa real, útil solo como granero de votos para el Partido Socialista Obrero Español. Nunca como prioridad, nunca como proyecto, nunca como región a integrar de verdad.


Y en estos últimos años ha pasado algo imperdonable para la izquierda: Extremadura se ha vuelto a conectar. A comparar. A mirar alrededor. A comprobar que el PSOE no es el progreso, sino el anclaje. Que cuando sales del relato y miras datos, gestión y oportunidades, la propaganda se cae sola. Por eso les han dejado de lado. No por ignorancia. Por experiencia.


Entonces aparece el paternalismo obsceno. Como si los extremeños necesitaran que Pedro Sánchez les tutele el voto. Como si fueran niños grandes incapaces de decidir qué les conviene. Y el mensaje se repite en medios, tertulias y redes: votan a la derecha porque son retrasados, votan al Partido Popular o a Vox porque no entienden nada.


No. Votan así porque han entendido todo. Porque han entendido que para el socialismo solo valían mientras obedecían. Que no los querían conectados, ni visibles, ni compitiendo en igualdad. Solo sumando papeletas y callando.


Extremadura no ha fallado. Ha dejado de ser útil a quienes la necesitaban dócil. Y eso, para la progresía soberbia, es un pecado imperdonable.


Miguel Ángel Arranz

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