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Cuidado: la sorpresa puede venir de fuera

hace 7 días
3 min de lectura


Nadie puede afirmar hoy que Pedro Sánchez tenga guardados 23 escaños en una valija diplomática. Pero tampoco deberíamos cometer la ingenuidad de despreciar lo que está ocurriendo con el voto exterior como si fuera una simple anécdota administrativa. Cuando hablamos de este Gobierno, nada que pueda influir en su supervivencia política debería considerarse casual.


El Censo Electoral de Residentes Ausentes alcanza ya los 2.736.522 electores. Desde las elecciones generales de 2023 ha incorporado más de 400.000 inscritos, un crecimiento del 17,3 %. Según el estudio conocido estos días, el volumen potencial del voto exterior podría superar el margen por el que se decidió el último escaño en hasta 23 circunscripciones.




Eso no significa que esos diputados estén adjudicados al PSOE. Significa algo suficientemente serio: en unas elecciones ajustadas, una parte decisiva del resultado podría terminar resolviéndose a miles de kilómetros de España. Y ahí conviene empezar a mirar con mucha atención.


Quizá llevamos demasiado tiempo observando únicamente la política doméstica: las encuestas, el desgaste del Gobierno, la corrupción, las cesiones y el rechazo que provoca Sánchez dentro de España. Todo eso importa. Pero puede que, mientras nosotros miramos hacia dentro, el sanchismo lleve años construyendo fuera su última línea de resistencia.


El exterior es la joya de la corona de Pedro Sánchez. Aquí su imagen está abrasada; fuera todavía puede presentarse como el gran dirigente progresista europeo, defensor de la democracia, la memoria y la paz. Ese retrato internacional se alimenta mediante embajadas, consulados, actos institucionales y una enorme maquinaria diplomática pagada por todos. Una red legítima cuando representa a España, pero inquietante si acaba protegiendo el relato personal del presidente.


Ahora esa misma red consular ocupa un lugar central en una transformación gigantesca del censo exterior. La llamada ley de nietos ha abierto el acceso a la nacionalidad a cientos de miles de descendientes de españoles. Son ciudadanos con todos sus derechos y nadie puede tratarlos como votantes de segunda. Precisamente por eso, el procedimiento debe ser absolutamente transparente, verificable y sometido a vigilancia.


No basta con repetir que todo es legal. El problema de este Gobierno nunca ha sido únicamente lo que hace, sino la sospechosa precisión con la que cada reforma, nombramiento o interpretación administrativa termina encajando en su estrategia de supervivencia. Crece extraordinariamente el censo exterior, se facilita la participación y descubrimos que esos votos pueden ser determinantes en numerosas provincias. Puede ser una coincidencia. También puede no serlo.

Lo intolerable sería que cualquier pregunta fuese despachada inmediatamente como una teoría conspirativa. Esa es la respuesta habitual del sanchismo: cuando los datos incomodan, el problema no son los datos, sino quien se atreve a relacionarlos.


Nadie conoce la orientación política de esos electores y sería absurdo considerarlos propiedad de un partido. Pero tampoco sabemos hasta dónde llegará la influencia institucional del Gobierno en el exterior ni qué garantías efectivas existirán sobre las inscripciones, la identificación, el voto por correo, la custodia de las papeletas y el escrutinio.


La oposición debería dejar de esperar que el deterioro interior de Sánchez lo expulse automáticamente de La Moncloa. Tal vez la operación de resistencia no se esté desarrollando solamente en los ministerios, el CIS, RTVE o el BOE. Tal vez una parte de la jugada transcurra lejos de nuestras fronteras, donde existen menos cámaras, menos vigilancia y mucha menos atención pública.


No afirmo que vaya a producirse un fraude. Afirmo que sería una irresponsabilidad histórica no fiscalizarlo todo. El sanchismo ha demostrado que nunca da una batalla por perdida mientras quede una institución, una norma o un procedimiento administrativo que pueda aprovechar.


Cuidado con las próximas elecciones. Podemos estar buscando la sorpresa en las urnas de España mientras la sorpresa se prepara fuera.


Miguel Ángel Arranz


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