Sigamos farmeando aura

España acaba de recibir otra bofetada educativa. Pero tranquilos: mientras nuestros adolescentes pierden comprensión lectora y razonamiento matemático, siempre podrán ganar mil puntos imaginarios haciendo una pose absurda delante de un teléfono.
El informe PISA 2025 no deja demasiado espacio para la propaganda. España obtiene 451 puntos en lectura, 457 en matemáticas y 477 en ciencias, por debajo de la media de la OCDE en las tres materias. Desde 2022 hemos perdido 23 puntos en lectura y 16 en matemáticas. Uno de cada tres alumnos no alcanza el nivel mínimo en esas dos competencias. No es un tropiezo: es un derrumbe.
Pero no pasa nada. Sigamos farmeando aura. Sigamos pendientes de los therians, de las batallas de poses, del último baile viral y de la estupidez pronunciada por el influencer de turno. Saber distinguir un hecho de una opinión, comprender un texto o calcular un porcentaje puede esperar. A demasiados jóvenes leer y calcular se la suda; lo urgente es comprobar cuántos desconocidos han pulsado un corazón.
PISA no afirma que TikTok sea la causa directa del hundimiento. Decirlo sería tramposo. Sí retrata, en cambio, a una generación con crecientes dificultades para concentrarse, comprender y razonar, criada dentro de una cultura que premia la rapidez, la apariencia y la recompensa inmediata.
Y conviene dejar de cargar toda la culpa sobre los adolescentes. Los adolescentes siempre han hecho tonterías. La diferencia es que antes había adultos encargados de marcar límites y ordenar prioridades. Ahora demasiados padres han convertido el móvil en niñera, el algoritmo en educador y al influencer en referencia. Mientras el niño no moleste, todo vale. Después llegan las malas notas y la culpa siempre es del profesor.
Los datos también describen esa retirada familiar. En 2022, el 77 % de los alumnos decía que sus padres les preguntaban semanalmente qué habían hecho en clase; en 2025, solo el 69 %. Las conversaciones sobre problemas escolares han caído del 60 % al 50 %. Además, un 34 % reconoce haber faltado al menos un día al colegio durante las dos semanas anteriores a la prueba, frente al 22 % de la OCDE.
Mientras tanto, la política educativa sigue protegiendo al alumno de la exigencia, de la frustración y hasta de las consecuencias. Se rebajan contenidos, se maquilla el fracaso y se confunde inclusión con aprobar sin aprender. PISA coloca después las cifras encima de la mesa y descubre la verdad que nadie quiere explicar en casa: regalar títulos no regala conocimientos.
Una sociedad que deja de exigir acaba dejando de avanzar. Y unos padres que normalizan la ignorancia no están protegiendo a sus hijos; los están entregando indefensos a un mundo donde competirán con jóvenes que sí leen, sí calculan y sí comprenden. Pero nosotros, tranquilos: sigamos farmeando aura. El futuro ya lo estamos perdiendo.
Miguel Ángel Arranz

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