Pilar Sánchez Acera, la mano dictatorial del PSOE de Madrid

El PSOE de Madrid ya no elige: obedece. La organización que durante años utilizó las primarias como certificado de superioridad democrática ha decidido convertirlas en una representación teatral sin actores, sin competencia y, en demasiados municipios, sin urnas.
Los datos son demoledores: solo tres de los 37 municipios madrileños con más de 20.000 habitantes —Boadilla del Monte, Colmenar Viejo y Pinto— tendrán primarias competitivas. En Alcalá de Henares, directamente, la dirección regional ha vetado la votación. En otros lugares, los candidatos bendecidos por el aparato han aparecido milagrosamente sin rival. Qué extraordinaria unanimidad. Qué sospechosa paz interna.
Conviene precisar el cargo: Pilar Sánchez Acera no es la secretaria general del PSOE de Madrid. El secretario general es Óscar López. Ella es la secretaria de Organización, es decir, quien controla el aparato, vigila las agrupaciones y administra buena parte de las carreras políticas. Óscar López pone la cara; Pilar Sánchez Acera guarda las llaves.
La dirección sostiene que, cuando solo existe un candidato, no hace falta votar. Formalmente puede ser cierto. La pregunta es por qué apenas aparecen alternativas. Y la respuesta está en el miedo. Cuando quien discrepa termina apartado, pierde responsabilidades o contempla cómo su futuro político se convierte en un desierto, no estamos ante unidad. Estamos ante intimidación.
Sara Oviedo renunció en Leganés denunciando la ausencia de condiciones de confianza, respeto y lealtad política después de haber perdido peso dentro del grupo municipal. Enma López obtuvo casi la mitad de los votos en Madrid y, después de enfrentarse a Reyes Maroto, fue apartada de sus responsabilidades. El mensaje para el resto de la militancia resulta bastante claro: podéis presentaros, pero después no preguntéis por vuestra silla.
Esa es la democracia interna de Pilar Sánchez Acera: unas primarias que caben en tres horas porque el resultado está decidido antes de abrir el proceso. Si el candidato del aparato no tiene rival, se proclama. Si aparece un rival, se le enseña el precio de la rebeldía. Y si todavía insiste, se le prepara el ostracismo.
Sánchez Acera ha asumido el papel de perro ladrador del sanchismo: atacar hacia fuera y meter miedo hacia dentro. Siempre cerca del poder, siempre disponible para ejecutar la orden correspondiente y siempre preparada para demostrar que la obediencia compensa mucho más que el talento.
El PSOE se parece cada vez menos a una organización política y cada vez más a una famiglia política —con ge— controlada por una camarilla que reparte candidaturas, castigos y supervivencias. Las agrupaciones ya no deliberan: reciben instrucciones. Los militantes ya no eligen: ratifican. Y quienes levantan la mano para preguntar descubren rápidamente que el aparato también sabe señalar.
Así pretende Óscar López presentarse ante los madrileños como alternativa democrática a Isabel Díaz Ayuso: encabezando un partido donde la competencia interna se castiga y los candidatos municipales se distribuyen desde un despacho.
El fracaso puede ser estrepitoso. Pero Pilar Sánchez Acera probablemente volverá a sobrevivir. Es la mujer corcho de la política madrileña, como su hermano Rafael Sánchez Acera: siempre flota, siempre se reinventa y siempre encuentra la escuadra que más calienta. Si Óscar López fracasa, ella buscará al siguiente. Cambiará de discurso, de despacho o de protector, pero continuará ejerciendo de alfombra del nuevo jefe.
Porque en este PSOE las primarias han dejado de servir para elegir candidatos. Ahora sirven para identificar disidentes.
Miguel Ángel Arranz

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