De quitar la sanidad privada que pagas tú a los funcionarios no hablan.
- 8 dic 2025
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Ahora ya no disimulan. Ahora el lema es claro, machacón y moralmente chulesco: “El que quiera sanidad privada, que se la pague.” Y lo corean los mismos que jamás pisan una lista de espera de ocho meses, los mismos que jamás tienen que elegir entre una prueba médica o llenar la nevera. Lo repiten como si fuera un acto de justicia social. Y es una estafa moral.
Porque ellos no hablan de su sanidad privada. De la suya no dicen nada. De la que pagamos entre todos. De la que no pasa por la pública. De la que no es concertación con hospitales públicos, sino contratos directos con aseguradoras privadas puras y duras. Con nombres y apellidos: Adeslas, Sanitas, ASISA… de eso, silencio absoluto.
Porque los funcionarios del Estado, los jueces y los militares no van a la pública por defecto. Tienen un carril exclusivo a través de MUFACE, MUGEJU y ISFAS, que no son otra cosa que pasarelas públicas hacia la sanidad privada. No es un apoyo al sistema público. No es un refuerzo. No es una colaboración. Es un contrato directo con aseguradoras privadas con dinero de todos.
Es decir: exactamente con lo que dicen que quieren acabar. Pero no para ellos.
Para ti sí. Para ellos no.
Tú no. Tú a esperar. Tú a aguantar. Tú a resignarte. Tú a escuchar que lo privado es pecado mientras la élite administrativa del Estado entra por la puerta de atrás de la privada con tu nómina en la mano. Tú, si quieres una resonancia sin que se te pase antes la enfermedad, te la pagas. Ellos no. Ellos la cargan al presupuesto. Eso no es ideología. Eso se llama privilegio estructural.
Y aún tienen el cuajo de mirarte por encima del hombro. De llamarte insolidario. De decirte que huyes del sistema público. Como si ellos fueran mártires de la sanidad pública cuando en realidad son clientes preferentes de la privada.
Si la sanidad privada es tan indeseable, que empiecen por desmontar sus mutuas. Si la privada es un problema ético, que renuncien mañana mismo a Adeslas, a Sanitas y a ASISA. Si la privada es un lujo injusto, que se atiendan donde se atiende el ciudadano al que señalan con el dedo. Pero no lo harán. Porque su guerra no es contra la privada. Es contra tu derecho a elegir.
Ellos no quieren acabar con la sanidad privada. Quieren acabar con que esté fuera de su control. Quieren decidir quién puede escapar del colapso y quién no. Y, curiosamente, siempre escapan los mismos. Y mientras tanto, tú pagas dos veces, agachas la cabeza y todavía te piden que aplaudas.
Esto no va de sanidad. Esto va de poder. Y de hipocresía institucional en vena.
Miguel Ángel Arranz





